@ellibelaresc

Antes, la corte y sus condes, duques, marqueses y lacayos, marcaban la moda, marcaban tendencias, y la gente que quería parecer bien copiaba de las revistas del corazón los modelitos de la alta sociedad. Todo cambia, y en muchas cosas para mal. Ahora, la corte y sus primeras figuras marcan otra tendencia, que podríamos llamar la moda del perdón.

Así, vimos al ya decrépito Juan Carlos salir de su habitación del hospital y, titubeante, al borde de los pucheros, pedir perdón a todos los españoles para, de este modo, ablandarnos a todos el corazón. La rabia al conocer que el rey estaba tiroteando elefantes en Botsuana, mientras una cuarta parte de la población rebuscaba en los cubos de basura, se esfumó ante semejante prueba de contrición real. Con este detalle sin precedentes Juan Carlos marcó tendencia: la importancia de saber pedir perdón, una capacidad hasta ahora desconocida entre nuestra clase política más acostumbrada a solventar las críticas del populacho con un corte de mangas, como ya pusieron en práctica José María Aznar o Luis Bárcenas, esos próceres de la patria.

Esta moda del perdón está siendo muy actual en este otoño recién estrenado. Toda una tendencia ante los casos de corrupción que día a día a día conocemos y ya no nos sorprenden. Tal es el calibre de las alcantarillas del poder.

Teresa Romero, que asiste a unos misioneros contaminados de ébola en el hospital Carlos III contrae la enfermedad. El chulesco consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid la acusa de mentirosa. ¡Qué barbaridad! Alguien le hace ver la inconveniencia de su afirmación y pide perdón, sin asumir ninguna responsabilidad ni dimitir. Tampoco nadie lo cesa. La misma estrategia valió a muchos de los jetas de las tarjetas opacas, aunque sin que quedase claro si pedían perdón por el latrocino o por ser más tontos que el que asó la manteca, por lo que no sabían muy bien qué se traían entre manos.

Y ahora que se sospecha que la corrupción es el pegamento que mejor ha mantenido unido a esa amalgama que es el Partido Popular, Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy se pelean por ver quién de los dos pide perdón más fuerte. Si la lideresa convoca una rueda de prensa para pedir perdón a los madrileños por su capacidad para fichar al equipo de Ali Babá al completo. Rajoy sube la apuesta y pide perdón a todos los españoles desde el Senado, aunque tenga que saltarse todo el protocolo parlamentario.

Ana Botella, después de disfrutar de una lujoso ´spa´ en Portugal, también pide perdón por confiar en el organizador de la fiesta trágica del Madrid Arena. Y no dimite. El alcalde de Valladolid, en un Pleno municipal, y después de desahogarse con sus comentarios machistas, también pide perdón a quienes se hayan sentido ofendidos cuando dijo que a veces le da reparo entrar en un ascensor cuando hay una mujer por si simula una agresión. ´Quiero expresar públicamente mi rechazo a toda violencia, en especial contra los más vulnerables y, en particular, contra las mujeres y los menores´. El Partido Popular pide perdón a los ilicitanos por llevar a Cristina Martínez en sus listas y por no defender los intereses sanitarios de los ilicitanos. Y el presidente de los gallegos, Feijoo, también pide perdón por Pokemon pero dice que ‘no todos los políticos son iguales’. ¡¡¡Turuú!!!

¡Qué país! Aquí todos piden perdón, todos se llenan los bolsillos, nadie devuelve lo robado y no pasa nada. Y es que estamos en la católica España y los políticos se saben de memoria esa práxis tan católica de purgar los pecados a través del perdón. Los políticos se saben esta parte de la teoría, y olvidan la segunda parte: que el Catecismo no solo recoge la posibilidad de la confesión, sino que exige el propósito de enmienda -la intención firme de no volver a cometer el pecado- pero sobre todo requiere de una penitencia acorde al daño realizado.

Mucho me temo que este cenagal no se limpia con dos padrenuestros y un Ave María. El panorama político está tan ´enmierdado´ que ya no hay vuelta atrás al descrédito y decepción de los ciudadanos sobre quienes depositaron su confianza. Ahora es tiempo de ‘mea culpa’, pero la verdad es que tantos perdones ya saben a muy poco. La forma de cortar por lo sano es bien clara: dimisiones, devolver lo robado y cárcel. Ahora es el momento de actuar y dejar las palabras biensonantes.

LO ÚLTIMO: Metroscopia 1 noviembre de 2014: Podemos (27,7%); PSOE (26,2%); PP (20,7%); IU (3,8%) y UPyD ( 3,4%). Fuente El País. Y solo es el principio.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de TRANQUILOS, LA CORRUPCIÓN NO ES ALARMANTE.

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