@ellibelaresc

Muchos asuntos se están removiendo en La Zarzuela para intentar poner un poco de orden en los asuntos de la monarquía que tan maltrechos dejó su último ocupante. Los asesores de Felipe y su esposa están siendo implacables. Tienen mucha prisa en dar la sensación de equilibrio y de normalidad en una institución feudal que hoy, en pleno siglo XXI, está fuera de lugar. El tema monarquía-república no está resuelto, y será muy interesante ver que va a ocurrir en las próximas elecciones generales. Si los llamados partidos de izquierdas de una vez dan la cara y proclaman lo que en privado o no tan privado  dicen que piensan y sienten.

Lo cierto es que el actual rey, impuesto por el PP y consentido por el PSOE, anda muy preocupado con los trapicheos que su hermana Cristina y marido tienen montados. Felipe, al menos eso dicen las crónicas, está enormemente irritado con la actitud de su hermana Cristina. Quiere que renuncie a sus títulos y a sus derechos y se aleje de la Institución. La quiere absolutamente fuera. Ya no basta con que no forme parte de la Familia Real, no reciba ningún tipo de sueldo del Estado, no asista a actos públicos. Una infanta imputada y con grave riesgo de sentarse en el banquillo de los acusados no puede permanecer en la línea de sucesión. A fecha de hoy las presiones de Felipe no ablandan el corazón de la Infanta, a pesar de todo lo que está en juego para su hermano.

La decisión de la Audiencia de Palma, que mantiene su imputación contra Cristina por dos posibles delitos fiscales, ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia del monarca. Todavía existen serias dudas de que se siente finalmente en el banquillo, al serle retirada la imputación por blanqueo de capitales y con la ‘doctrina Botín’ como salvaguarda. Pero el mal ya está hecho. La lucha por recuperar la imagen de transparencia y ejemplaridad que lleva a cabo Felipe de Borbón  no concuerda con mantener a su hermana en la Institución, aunque sea estrictamente en su condición de ocupar el sexto puesto en la línea de sucesión al trono. La imagen de una infanta de España sentada en el banquillo resultaría terriblemente incómoda para la Institución.

Y mientras el Borbón de España está que trina en la mansión ginebrina de los Urdangarín no se advierte sensibilidad alguna hacia estas inquietudes de Zarzuela. La infanta sigue erre que erre. No quiso en su día divorciarse del ex jugador de balonmano, ahora imputado por una decena de delitos, y tampoco ahora ha dado muestras de atender a las sugerencias que le llegan desde la Corona. Piensa que se le ha maltratado, que se le ha convertido en una especie de chivo expiatorio para purgar por los errores de la familia. Ni siquiera su padre la ha defendido. En estos largos años de tribulaciones jurídicas, profesionales y personales tan solo ha gozado del cariño y el apoyo de su madre, Sofía. Cuando los escándalos comenzaron a emerger, Juan Carlos le sugirió abiertamente que se divorciara de Urdangarin, que pusiera tierra de por medio de su marido para poder mantenerse en la Familia Real. Nunca lo admitió, siempre ha estado junto a su esposo, incluso en momentos tremendamente difíciles, como cuando tuvo que acudir a declarar, como imputada, frente al juez Castro.

Ella sabrá, porque lo que viene es para ella peor que lo anterior. Se anuncian tiempos mucho más dramáticos. Todos los expertos vaticinan que Iñaki Urdangarin resultará finalmente condenado por su implicación directa y protagónica en el ‘caso Nóos’ a penas que impliquen su ingreso en prisión. Cinco delitos de prevaricación, cinco de tráfico de influencias, cuatro de malversación, dos contra Hacienda, uno de falsedad, uno de estafa, uno de falsificación y otro de blanqueo de capitales redondean una situación excesivamente comprometida.

También el panorama de la infanta se hace cada día más insostenible. Aun en el caso de que evite el banquillo, tiene sobre sus hombros una imputación por doble delito fiscal, por eso su hermano Felpe está que trina, se muestra implacable y quiere que desaparezca del mapa.

 ¿El asunto es exclusivamente familiar?  Una vez más se echa de menos la existencia de un estatuto Real en la Constitución que regule en forma moderna y racional todo cuanto hace a la Corona. Se podrían haber evitado situaciones tan complicadas como la actual para esta institución feudal que día a día está más desencajada en la vida de los españoles.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de ¿JAGUAR YOU, ANA MATO?

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