@ellibelaresc

La pederastia es un delito grave y un pecado horrendo. La Iglesia católica ha tardado mucho en conjugar estas dos variables. Vivió inmersa durante mucho tiempo en la dinámica del encubrimiento, con la salida que siempre otorga la confesión. Pero olvidaban, sabiéndolo, que el sacramento perdona todos los pecados menos uno: el pecado contra el Espíritu Santo. Es decir, el pecado contra los menores. ´Al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar´ (Mt, 18,6 ss). En el Evangelio, Jesús de Nazareth es tajante y pide la muerte para los que escandalicen a un niño.

Durante siglos, la iglesia católica no ha unido el abuso de menores con el pecado contra el Espíritu Santo. Miraban hacia otra parte. Era mucha la multitud. Juan Pablo II comenzó a legislar tímidamente para proteger a la infancia de los lobos clericales. Benedicto XVI convirtió la lucha contra la pederastia en la clave de su pontificado. Barrendero de Dios, hizo pasar a la institución en poco tiempo del ocultamiento a la tolerancia cero y se ofreció como chivo expiatorio de esa lacra que amenazaba con arruinar la credibilidad de la Iglesia. Francisco ha pasado de la tolerancia cero a la tolerancia cero más cero con los pederastas clericales, y se ha convertido en un icono de esperanza para el mundo eclesial, si le dejan.

Aunque a pesar de los esfuerzos del nuevo papa, quizá quedan todavía inercias de otras épocas y otras concepciones teológicas, como la que defendía el cardenal colombiano Darío Castrillón, según la cual un padre no denuncia a su hijo ante la Justicia y un obispo es un padre para sus curas. Quizás la actuación del arzobispo de Granada responda a esta sensibilidad equivocada. Pero el propio papa le ha pedido cuentas. Y también lo harán la Justicia civil y la canónica. La civil, para el delito. Y la canónica, para penar el pecado con la penitencia de la reducción al estado laical (no son dignos de ser curas) y con la piedra de molino al cuello del pecado que no se perdona.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de SIN PALABRAS.

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