@ellibelaresc

El jueves 27 de noviembre publicábamos una gacetilla (´Pederastia en la archidiócesis de Granada´) haciéndonos eco del gravísimo problema que tiene la secta católica con la pederastia, de la connivencia del arzobispo granadino con los delincuentes eclesiásticos y de las posibles  sanciones penales (no solo canónicas, que a los civiles ni fu ni fa) que se deberían aplicar. La cosa está complicada porque por en medio hay un Concordato que nuestros políticos se niegan a romper, facilitando así que no sea verdad que la justicia es la misma para todos.

¿Qué debería hacer una autoridad eclesiástica que reciba una denuncia por los abusos pederastas de alguno de sus miembros? Puesto que se trata de un grave delito, debería instar al acusador a presentar la denuncia ante la justicia civil, y comprobar con la máxima discreción –evitando así alertar al presunto abusador-, si la denuncia tiene alguna verosimilitud. En el escándalo por pederastia clerical en Granada, ¿actuaron debidamente el arzobispo y el papa? Los hechos confirman que no.

Algunas autoridades eclesiásticas han pedido perdón en nombre de la iglesia católica, asumiendo la veracidad de las denuncias: La Conferencia Episcopal (que se enteró por los periódicos del caso. Mayor cinismo imposible); el arzobispo de Granada, con una teatral escenificación en la catedral (él y otros sacerdotes se tumbaron boca abajo unos minutos en el suelo), y el papa mediante dos llamadas personales a ´Daniel´ (nombre ficticio de la víctima que le escribió). Pero no es suficiente. ¿Qué hace la Iglesia con sus miembros presuntamente abusadores? Cuando no los encubre, se conforma, en lo que llama ´tolerancia cero´, con medidas ´internas´ como traslados o apartamientos temporales, pero no los denuncia ante la justicia. Se sale por la tangente y dice que para ella, la iglesia católica, estas gravísimas acciones se contemplan como pecados, no como delitos, y por eso hablan de perdón, ofensas a Dios y penitencias cristianas, no de la justicia del Estado de derecho, que consideran inferior a la divina.

Las pomposas peticiones de perdón de esta secta de poco sirven si no van precedidas de acciones efectivas. ¿Lo han sido las peticiones de perdón de la Conferencia episcopal, del arzobispo de Granada y del papa? No. ¿Pusieron los hechos de los que tuvieron conocimiento en manos de la justicia? Todo el mundo sabe que el arzobispo, no. Y el papa, tampoco. Bergoglio puso la denuncia de ´Daniel ´en manos de oficiales de la Santa Sede y del arzobispo granadino, que ya sabemos la catadura moral que tiene. No estuvo correcta esta actuación que dio pie a poner en alerta a los presuntos pederastas y darles mucho tiempo para la eventual ocultación o destrucción de pruebas (esos ordenadores desaparecidos…) y preparado su defensa con una antelación inusual en este tipo de delitos. Solo un par de meses después, en su segunda llamada a Daniel, el papa trató de enmendar (demasiado tarde) esos errores animando a la víctima a denunciar ante la justicia civil, que es lo que debió hacer desde el primer momento.

Es más que evidente que la actuación de la iglesia católica en este caso, y en tantos otros, se mueve entre la negligencia y el encubrimiento, por eso, y de acuerdo con Granada Laica, yo pediría a quienes se estén planteando realizar nuevas denuncias por abusos clericales que no se les ocurra hacerlo ante la Iglesia, que todas las víctimas de abusos, o, en su caso, sus padres, allegados o testigos, denuncien ante la justicia (la verdadera) con todas las pruebas que puedan reunir. Que dejen de lado posibles sentimientos de vergüenza, culpa o miedo; no son precisamente ellos quienes deben sentirse avergonzados, culpables o temerosos.

Si sirve de consuelo, la suerte está echada para el arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez. Su  pésima gestión en este caso y otros asuntos económicos e ideológicos (es el editor de ´Cásate y sé sumisa´) van a suponer el final de su carrera eclesiástica, que se hará efectiva, según fuentes eclesiales, en fechas próximas. También aquí hay puerta giratoria. El arzobispo quiere una salida digna y aceptaría de buen grado un cargo en Tierra Santa (es un experto en estudios bíblicos y también un ultra del movimiento Comunión y Liberación).

En la gacetilla de mañana hablaremos de LA GRAN MENTIRA DE LA NAVIDAD.

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