@ellibelaresc

Así se definen los de la católica, como iglesia de los pobres. ¿Alguien, objetivamente hablando, la ve así? No estamos hablando de esa iglesia marginal y auténtica que predica los valores del evangelio. Estamos hablando de la iglesia oficial, esa que tiene su sede en el Vaticano y en todos los obispados del mundo; esa que no abomina de las pompas y vanidades ni invierte su inmensa fortuna en el bienestar de los desheredados. Esa iglesia que en España no paga impuestos y se apropia como vulgar ladrón de todo lo que cae en sus manos. Esa iglesia que lo que roba y lo que se ahorra en impuestos no lo invierte en los pobres. ¿Alguien ha visto alguna vez a un cura, por hablar del escalafón más bajo, dar una limosna monetaria, no espiritual, a un pobre, a un mendigo? Los bienes que predican no son de este mundo, aunque los que tienen se los disfrutan pero que muy bien.

Pero quizá me equivoque en las apreciaciones anteriores. Que las cosas no son como las veo. Que la fortuna de que disponen y almacenan está programada para cumplir en un futuro no muy lejano los preceptos evangélicos y salvar a la humanidad que pasa hambre. Solo así podré entender el titular que hace días nos ha conmocionado a muchos. No. No lo almacenaban para ellos, el futuro de ese dinero era para paliar tantas y tantas desventuras que se padecen en este mundo de nuestros pecados. Ejemplar.

Todo el anterior  y confuso preámbulo viene a cuento de la noticia que nos llega desde el Vaticano, en donde se han encontrado cientos de millones de euros ocultos. No uno, ni dos, ni tres… El Vaticano ha descubierto cientos de millones de euros escondidos en cuentas de distintos departamentos de su banco, el siempre polémico Instituto para las Obras de Religión (IOR). La revelación no procede de un nuevo infiltrado al estilo de Paolo Gabriele, aquel secretario infiel de Benedicto XVI que a mediados de 2012 puso al descubierto los grandes trapos sucios del Estado Vaticano, sino del mismísimo cardenal australiano George Pell, prefecto de la secretaría de Economía de la Santa Sede. Cuando por orden del papa Francisco empezó a hacer zafarrancho en el IOR, el cardenal Pell descubrió que, en contra de lo que en un principio se temía, el banco no estaba en peligro de bancarrota. ´De hecho hemos descubierto que las cuentas están mucho más sanas de lo que parecía, y esto es porque algunos cientos de millones de euros habían sido escondidos en cuentas particulares que no habían aparecido en el balance´. Pell no aclara de qué forma el IOR, que en junio ya había cancelado 3.000 cuentas sospechosas, ha regularizado tal fortuna ni la forma ni el motivo por el que sus propietarios se habían sustraído hasta ahora al control del Vaticano.

¿Quién ´ahorraba´ esa inmensa fortuna? ¿Ciertos cardenales de la Curia vaticana pensando en su retiro? Misterios de la santa madre, que no vamos a aclarar porque es prácticamente imposible. El secretismo bancario, más que el de confesión, lo tiene muy bien aprendido esta casta eclesial. Pero no pasa nada. Menos mal que el Vaticano no está en quiebra. Menos mal que han aparecido cientos de millones de euros con los que el papa Francisco pondrá en marcha la maquinaria de la caridad y podrá paliar el hambre y la miseria que hay en el mundo. Menos mal que, desprendiéndose  de estos millones en obras de caridad, podrá ser fiel al evangelio de su jefe, el llamado Jesús de Nazareth.

En la gacetilla de mañana hablaremos de 2014.

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