@ellibelaresc

Tengo que reconocer que, aunque no comparto sus fantasías ni su reciente metedura de pata, el hombre me cae bien. Francisco está intentando dar un cambio a la iglesia católica. El problema lo tiene complicado, muy complicado. El hombre dice, predica, se implica, critica acciones que no son adecuadas al espíritu evangélico y actúa en consecuencia. Otro tema es que el núcleo duro de la Curia le deje hacer. ¿En qué ha cambiado la iglesia católica, en su aspecto espiritual, desde que este hombre es su jefe supremo? ¿Ponemos por ejemplo España? En nada. Salvo algún que otro heterodoxo (Osoro, Blazquez y poco más) parece que todo está presidido por la intransigencia y la irracionalidad del que fuera todopoderoso cavernícola Rouco Varela.

Cierto es que Francisco está promoviendo, siempre que le dejan, un proceso de reformas. Pocos meses después de su llegada al papado reformó a fondo el Instituto de Obras Religiosas (el IOR), desde hace décadas sospechoso de todo tipo de prácticas corruptas y de blanqueo de capitales. También encargó una auditoría externa de la gestión del Vaticano y renovó prácticamente todas las instancias de su poder económico, algunas de las cuales han ido a manos de laicos. Poco más le han dejado hacer.  Así y todo el papa Francisco sigue con lo suyo y poco a poco va descubriendo aquello que no le gusta, que es mucho, de su iglesia. Esta vez les ha tocado la reprimenda, hecha con cariño pero muy dura, a los componentes de la Curia, los jefes reales de eso que llaman Santa Sede.

Francisco aprovechó la audiencia navideña a los hombres que le ayudan –aunque no siempre—a dirigir los destinos de la Iglesia para advertirles de las enfermedades más comunes que minan la salud del Vaticano. Acusó a los miembros de la Curia de ´sentirse inmortales, inmunes e indispensables porque una Curia que no hace autocrítica, que no se actualiza y que no trata de mejorar es un cuerpo enfermo´) ; de ´Alzheimer espiritual, que vemos en aquellos que han perdido la memoria del encuentro con el Señor (…) y dependen completamente de su presente, de sus pasiones, de sus caprichos y manías (…) convirtiéndose en esclavos de los ídolos esculpidos por sus propias manos´; de ´esquizofrenia asistencial, sufrida por aquellos miembros de la Curia que viven ´una doble vida´, que se dedican a los asuntos burocráticos de la Santa Sede perdiendo el contacto con la realidad de las personas concretas´;  de ´petrificación mental y espiritual porque los que poseen un corazón de piedra se esconden tras los papeles y la gestión y pierden la sensibilidad humana, la capacidad de amar al prójimo; de ´terrorismo de habladurías´; de ´la enfermedad de acumular bienes materiales´, de ser ´enfermos de rostro fúnebre´. Denuncia también su ´arribismo´, su ´arrogancia´, su ´hipocresía de una vida oculta y a menudo disoluta´; su ´persecución de una gloria vana, cuando la apariencia, el color de los vestidos y las insignias de honor se convierten en el objetivo prioritario de la vida´. (Huelgan más comentarios); su ´vacío espiritual´, su ´mediocridad´, su ´maledicencia´ y ,  también, de ser ´asesinos a sangre fría del buen nombre de sus colegas´.

Parece claro que el objetivo del nuevo papa es reformar y sanear drásticamente el funcionamiento de su Iglesia a fin de recuperar el terreno que el catolicismo ha perdido frente a otras religiones. Una de las claves de esa reforma es que las iglesias nacionales, los laicos y las mujeres, adquieran un protagonismo creciente en la conducción de los asuntos generales. Para ello sería imprescindible que la curia romana perdiera mucho de su poder actual. El papa argentino ya ha dado algunos pasos en esa dirección, pero el proceso está resultando más lento de lo previsto y es posible que la dureza del ataque a la Curia en la audiencia navideña tenga mucho que ver con las maniobras de resistencia que esta podría estar llevando a cabo para frenar los planes del pontífice. En todo caso, el momento decisivo de la batalla que estaría en curso sería el sínodo o asamblea general de obispos que tendrá lugar en octubre de 2015.

ÚLTIMA NOTICIA: El pasado lunes empezó el juicio contra Fernández Castiñeiras, autor confeso del robo del Códice Calixtino y de documentación, dinero y objetos valiosos de la catedral de Santiago de Compostela. La abogada de Castiñeiras pide la nulidad del procedimiento, mientras el ministerio Público y el letrado que representa al Cabildo de la catedral rechazan esta petición de nulidad. La Fiscalía pide para el autor del robo 15 años de cárcel, mientras la Iglesia ha elevado la petición de penas a 31 años por apreciar que Castiñeiras abusó de la confianza del personal de la catedral. ¡31 años! No entiendo esa agresividad de petición de penas por parte de una secta que se caracteriza por predicar a los cuatro vientos la teología del perdón. No lo entiendo.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de EL GALLEGO DON TANCREDO.

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