@ellibelaresc

Tancredo López era un novillero valenciano nacido en 1862 y al que su falta de talento le llevó a intentar ganarse la vida introduciendo en las plazas de toros españolas la denominada ´suerte del pedestal´, que consistía en esperar sobre un pedestal la salida del toro, completamente inmóvil. El animal se acercaba a aquella figura aparentemente inanimada y, después de olisquearla, perdía interés en ella, lo que suscitaba el aplauso del respetable. La frase ´hacer el dontancredo´ se incorporó así a nuestro lenguaje, primero para describir a quienes en las plazas practicaban, como Tancredo López, la suerte del pedestal, y después para designar, por extensión, a cualquier persona que, en vez de tomar decisiones y pasar a la acción, se dedica a esperar completamente inmóvil a que el peligro desaparezca solo. Es el caso de don Mariano.

En vez de aprovechar su mayoría absoluta, Mariano Rajoy se dedica a dejar pasar los días, las semanas y los meses, sin tomar ninguna decisión ni hacer ningún movimiento, limitándose a prolongar el ´statu quo´ heredado de Zapatero. Y toda España está en vilo a ver cuándo el toro de la crisis, el toro de los desafíos territoriales o el toro de la revuelta social se nos llevan por delante. Don Tancredo Rajoy, en persona o en plasma, sigue en su pedestal sin abrir la boca, sin mover un músculo, sin pronunciar una palabra (hasta hace unos días que está en plena precampaña) y sin dar ninguna explicación. Y si la da, es para mentir.

Tancredo Rajoy ignora los sufrimientos de la gente, porque él en realidad no sufre. Tancredo Rajoy no piensa en los sentimientos de los españoles porque, en verdad, él no siente. Tancredo Rajoy hace caso omiso del número cada vez más creciente de parados, porque en realidad él está también parado: parado en su pedestal, esperando a que escampe, a que todos los toros del Universo pasen a su lado sin pegarle una cornada. Ha hecho carrera así, y no piensa cambiar a estas alturas. Tenga, pues, cuidado don Tancredo Rajoy, porque alguno de los toros a los que pretende ignorar terminarán llevándoselo por delante. Y si no lo hacen los toros, será el respetable quien termine echándolo a gorrazos de la plaza. Porque el respetable, tan paciente casi siempre, está ya hasta las mismísimas narices de llevarse las cornadas que don Tancredo Rajoy no quiere para sí.

¿De qué va este hombre? Es probable que nadie en su cargo, a los tres y pico años de mandato, haya tenido que soportar un mayor descrédito que Mariano Rajoy al final de esta primera legislatura. Rajoy parece la nada con sifón, el presidente menos presidente de la democracia española. ¿Qué se va a decir de un líder que ni siquiera ejerce de líder? No está a la altura de los tiempos que se viven. Fuera de los discursos circulares, que ya nos sabemos todos de memoria, nadie supera a Mariano Rajoy en la pasividad.

Don Mariano es anodino, pasivo, displicente, atípico, ni habla ni lidera, rencoroso, impostor, falso, y lo peor: mentiroso compulsivo. Lo está incumpliendo todo, y la salida siempre es la misma: ´La realidad´ o ´la herencia recibida. Es don Mariano, en este sentido, un disciplinado alumno de Tierno Galván, que con sorna ya decía que ´las promesas electorales están hechas para incumplirlas´.

¿Y la corrupción? ¿Es posible encontrar en España un partido político que no esté salpicado de corrupción, como lo está el Partido Popular? Mariano también tiene la desvergüenza de anunciarnos el fin de la crisis. De acuerdo, pero que reconozca (es imposible) que la España que sale de la crisis es una España devastada, como si la hubiera arrasado una guerra de siete años que ha dejado más pobres de los que había, más precariedad de la que existía, más recortes y menos derechos, más paro y más tiesos. Ese es el gobierno del Partido Popular. Amén.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de CON EL PP BAJARÁ EL PARO.

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