@ellibelares

Menudo follón tiene montado el rey emérito  con sus dos presuntos nuevos hijos: Ingrid y Albert, que quieren que Juan Carlos los reconozca como hijos suyos. Noticia muy sensible, por eso estamos a la espera de si finalmente se archivará el caso y todo quedará en nada, o si por el contrario se iniciará un largo proceso que podría tener al rey emérito en jaque durante meses, hasta que se demuestre si la paternidad es ´real´ o no.

El asunto se las trae porque además de la repercusión emotiva y sentimental tiene consecuencias económicas de gran trascendencia: Tú le dices a cualquier jubilado que tiene que estirar la pensión para compartir con hijos y nietos con los que no contaba y le da un perrengue, que en el caso de Juan Carlos tendría poca trascendencia porque ya se sabe que la jubilación no es igual para todos.

De admitirse también en un futuro a trámite la denuncia de Albert no quiero ni pensar en la movida que generaría si resultara que sí, que es. Habría que cambiar los libros de texto para reescribir la historia, otra vez los padres a gastarse la pasta; volver a pedir a Antonio López que sacara los pinceles porque es posible que en sueños el pintor se torturase pensando que quizás faltaban personajes y por eso no lo terminaba nunca; y lo que es peor, incorporar un yerno más a nuestras vidas, ¡vade retro Satanás!

Una pregunta se impone: ¿Por qué se ha admitido a trámite la demanda de paternidad de Ingrid Sartiau y no la del catalán Albert? La decisión judicial nos produce una sorpresa que va aparejada con ciertas sospechas. Dice el Tribunal Supremo que la demanda de paternidad de Solá se ha rechazado porque las pruebas de ADN aportadas no son suficientes. De acuerdo, pero solo hay que ver las fotos de Albert para comprobar su asombroso parecido con  Alfonso XIII, abuelo de Juan Carlos de Borbón.

Vamos a suponer que el Tribunal Supremo piensa, según la documentación que tiene en su poder, que Ingrid y Albert no son hermanos, y que según los datos aportados es ´más ´hijo del Borbón Albert que Ingrid. De ser así ¿por qué ha admitido a trámite la demanda de Ingrid? Es posible que todo sea una argucia: que Sartiau esté siendo utilizada como una herramienta para desacreditar al que sería el verdadero hijo del viejo rey: si las pruebas que analice el Tribunal Supremo llevan a la conclusión de que la belga no es hija del Borbón, Juan Carlos quedaría limpio de polvo y paja, y las pretensiones del presunto hijo catalán perderían credibilidad. Puede que sí, pero una cosa hay clara: que Albert no está dispuesto a rendirse y ya ha amenazado con acudir al Tribunal de Estrasburgo si la justicia española se niega a analizar las pruebas aportadas. Solá piensa que ha tenido que haber presiones o un acuerdo en el Tribunal Supremo para que se desestimase su reclamación de paternidad porque ´hace seis semanas el fiscal no se oponía y de pronto, hace tres semanas, se ha opuesto a la demanda´. Justifica su modo de actuar en los tribunales porque ´lamentablemente él es mi padre´.

¿Son los jueces y los fiscales los brazos políticos de la corona? Hemos llegado a un punto que ya nada nos sorprende, y es lamentable. La cuestión no es que el Rey emérito tenga tres, cinco o nueve hijos. Creo que eso a los españoles nos escandaliza muy poco o nada. Lo que nos importa más es la transparencia porque todos nosotros hemos mantenido y seguimos manteniendo a este señor. Ha sido nuestro jefe de Estado y todos tenemos derecho a opinar. ¿O acaso no opinaríamos con un Presidente de la República?

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En la gacetilla de mañana hablaremos de COSAS DEL EXCARCELADO BÁRCENAS.

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