@ellibelaresc

La religión católica, además de procurar a sus seguidores innumerables bienes espirituales, también es un negocio que proporciona a los listos buenos dividendos. Hay que ser listos, no sinvergüenzas como los PePeros que organizaron el viaje de Benedicto XVI a Valencia, que se hundieron o hundirán por su corrupción.

Las autoridades locales de Ávila, con su alcalde del PP a la cabeza, ya se frotaban las manos ante la inminente llegada del papa Francisco a su ciudad, el 28 de marzo, con motivo del quinto centenario del nacimiento de Teresa de Jesús, santa para unos, literata de primera para todos. Pero la Santa Sede anuncia ahora que ´no está previsto´ el viaje, según ha informado en una carta la Secretaría de Estado de la Santa Sede al presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez.

La misiva que acompaña el no del Vaticano endulza, como de costumbre, el acontecimiento, ya que señala que el papa ´sigue muy de cerca´ dichas celebraciones que ´con tanta ilusión´ se han programado para conmemorar esa efeméride y ´ruega a Dios para que produzcan abundantes frutos de vida cristiana en nuestro país´. La fórmula tradicional para declinar una invitación. ¡Qué retorcidos son!

¿Qué ha pasado? El alcalde de Ávila en más de una ocasión había presumido de la visita y la confirmaba con seguridad. Estaba todo previsto. La catedral, la universidad, el ayuntamiento, los hosteleros, los bares, los alrededores… El negocio habitual en estos casos estaba servido. Nada moviliza tanto como la visita de un papa, con sus pompas, vanidades, coloridos, séquito de fucsias y desmayos de creyentes, monjas y fanáticos tridentinos. ¿Qué ha pasado, pues? Desde la Conferencia Episcopal se ha justificado el plantón argumentando que el año en curso está repleto de citas electorales en España y que un desplazamiento del Santo Padre podría interferir en el curso de los acontecimientos o incluso ser objeto de críticas. No es toda la verdad esta justificación, que es la versión semioficial con que se han descolgado los obispos. Algo tenían que decir.

El por qué no viene el papa esta vez a Ávila tiene otra historia muy distinta en la que, como era previsible que no quería desaprovechar el sarao, está implicado el PP y toda su cohorte de politiquillos y caciquillos de provincias. El agua colmó el vaso. En el Vaticano estaban hasta más arriba del solideo con las presiones, los manejos, las sugerencias y las peticiones que les llegaban desde instancias del Gobierno español del Partido Popular en torno a este desplazamiento papal que se les brindaba como una ocasión única para sacar provecho electoral. Desde el Gobierno se pretendía ampliar el viaje del papa también a Madrid, para así celebrar algún tipo de acto o de audiencia con representantes del Ejecutivo o con altas instancias. Se le quería cargar tanto la agenda política y espiritual a Francisco que, al final, en la Santa Sede dijeron basta.

Con Benedicto XVI consiguieron el cebo para sus pretensiones electoralistas. Con Francisco, que la gente de iglesia de toda la vida, la de mantilla, dice que es un poco rojo, no ha tragado la invitación, a pesar del V centenario de la santa. Deberían denunciar el incumplimiento del Concordato.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de MALVERSACIÓN Y PREVARICACIÓN.

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