@ellibelaresc

La destitución de Tomás Gómez al frente del PSM madrileño no ha sido más que la punta del iceberg de un partido político que está haciendo agua por todas partes, desnortado, sin liderazgo real, una jaula de grillos ambiciosos y torpes que se están convirtiendo en un problema ante la sociedad española. Líderes y contralíderes, disensiones por todas partes, denuncias por ausencia de democracia interna, actitudes impensables en un partido que se dice democrático y de izquierdas (ya me olvido de lo de ´obrero´). Un partido en el que cada uno de sus dirigentes solo buscan, esa es la impresión, defender la parcela de poder que controlan. Y ese interés prioritario arrumba cualquier otro, empezando por la suerte del partido en su conjunto. Un partido que debería transmitir seguridades, objetivos y fines sociales concretos se ha convertido en un reino de Taifas en donde cada uno va a la suya. No dan soluciones sino problemas. Y ese no es el camino.

Es tal el descontrol que cada día que pasa supone un paso más en su atomización. Habrá que ver si en los meses que quedan para las autonómicas, municipales y nacionales el PSOE llega entero y con posibilidades o, como se está viendo, descompuesto y sin novia. El deterioro es profundo, dramático y agónico.

¿Qué está fallando en el PSOE? Nadie pone en duda que la ausencia incuestionable de un líder que controle a los ambiciosos y díscolos, que los hay en todas la familias y que se dedican a conspirar y a poner zancadillas. Pablo Iglesias, Julián Besteiro, Largo Caballero, Indalecio Prieto fueron líderes indiscutidos. En otra dimensión Felipe González lo fue, hasta que dejó el poder creyendo que podría seguir siendo el jefe; Almunia, muy efímero y cuestionado; Zapatero consiguió ser un verdadero dirigente hasta que llegó la crisis y las disparidades con el PSC sobre la cuestión catalana y con ello empezó su declive; Rubalcaba tampoco pudo revertir esa dinámica de enfrentamientos internos y feroz lucha por el poder. Ganó por la mínima la secretaría general, pero los perdedores no se rindieron y no dejaron de trabajar en su contra hasta que consiguieron echarle.

La llegada al poder de Pedro Sánchez parece que contaba con una mayoría sólida, los hechos están confirmando que todo era apariencia. Es solo el último eslabón de una decadencia imparable. Muy pronto, quienes le habían aupado al puesto han empezado a transmitir su disconformidad con la manera en que estaba actuando y ya tratan de cortarle las alas, no sea que termine por afianzarse y ciegue las ambiciones de liderazgo que tiene más de uno de los que le han apoyado.

Llamémoslo por su nombre: mediocridad. El nivel dirigente del PSOE actual es, en líneas generales, mediocre. En su dirección federal, pero también en no pocas franquicias regionales y locales, donde la deserción de los mejores y las intrigas internas han aupado a gente que, en el mejor de los casos, es incapaz. Susana Díaz es la gran esperanza del PSOE por motivos que de verdad se me escapan.

En definitiva, que las cosas no están para bollos y el secretario general del PSOE antes de que sus rivales acaben con él ha empezado a disparar y cortar por lo sano. El primero ha sido Tomás Gómez. Con esta defenestración parece darles un toque a Susana Díaz y a Ximo Puig. Se verá.

De todas formas, y mirando el problema con imparcialidad, el PSOE se parece cada vez más a un sindicato de intereses. Nadie está dispuesto a dar su brazo a torcer. Sus líderes parece que solo están interesados en defender la parcela de poder que controlan, el capital político que creen que les pertenece. Y se equivocan. Militar en un partido es algo más que defender intereses particulares. Por eso en esas condiciones hablar de unidad, otro elemento sustancial para la supervivencia de un partido, es un ejercicio inútil. El PSOE está partido por dentro en muchos pedazos. Solo una victoria electoral podría apaciguar esa locura. Pero esta, como no cambien muchísimo las cosas, no va a llegar. Una salida digna sería la de refundar el partido. Pero estamos en las mismas, ellos supondría dejar por detrás infinitos intereses personales.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de EL DEBATE DE 2015.

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