@ellibelaresc

El lenguaje que utilizan los políticos, sin ninguna distinción ni color, también está corrompido. Con frecuencia los políticos suelen recurrir al circunloquio, a la oscuridad conceptual y a ciertas palabras que en la lengua diaria son totalmente inofensivas y que puestas en su boca adquieren matices tóxicos (‘consulta’, ‘proceso’, ‘brotes’ o ‘papelitos’). Los usos eufemísticos,  que tan buenos resultados dan en la lengua literaria, en política enmascaran la realidad con el fin de despistar a los oponentes o de engañar a los votantes; o la emponzoñan recurriendo al retorcimiento de las palabras, a usos metafóricos insospechados o a efectos subliminales. Para El Liberal estas prácticas son intolerables y reprochables.

El presidente catalán utiliza con descarada ambigüedad el término ´proceso´ para describir su desafío soberanista o el proceso participativo al que se refieren otros. Rajoy siempre que puede, y es casi siempre, utiliza ´todas esas cosas que no nos gustaría que se produjeran´, para referirse a la corrupción

´Período de serias dificultades´, ´coyuntura económica claramente adversa´, ´deterioro del contexto económico´, ´escenario de crecimiento debilitado´ e incluso ´brotes verdes´, son parte de la capacidad retórica que exhibió Zapatero para evitar hablar de ´crisis´.

Pedro Solbes recurrió al ´crecimiento económico negativo´, para hablarnos de ´recesión´ y con ´recargo temporal de solidaridad´ Cristóbal Montoro pretendió definir el aumento del IRPF en diciembre de 2011.

En un artículo anterior publicado en este blog hacíamos referencia al rey de los eufemismos utilizados en la historia más reciente de España. Nos referíamos a la expresión ´cese temporal de la convivencia´ con que la Casa Real intentó justificar la separación de la infanta Elena Borbón de Jaime de Marichalar.

Otras veces los políticos, en lugar de utilizar los eufemismos, recurren a otras expresiones con el fin de conseguir distintos resultados mediáticos, que normalmente tienden a manipular la realidad o a trasladar una visión distorsionada de la misma.

Suelen recurrir a la exageración y amplificación de conceptos: describir el aumento de la llegada de inmigrantes como una ´plaga´; resumir los diferentes casos de corrupción con un ´excesivo expolio´; hablar con frecuencia de que se ´asesinan las libertades´ o calificar el aborto de ´terrorismo´.

Trivializar asuntos o hechos muy importantes es otro de los recursos que más se ha extendido entre la clase política. Sirva como ejemplo cómo el consejero de Sanidad de Madrid despachó las críticas a las medidas tomadas contra el ébola en el primer caso de contagio en España: ´Para explicar a uno cómo quitarse o ponerse un traje no hace falta un máster´. O denominar ´los papelitos del 78´ a la Constitución española; o definir a Rosa Díez como ´esa señora que lleva 30 años bajándose de un coche oficial´.

También abusan de términos militares para describir la realidad política o social: ´La casta está atrincherándose en las instituciones culturales´, ´El asalto de Podemos a las instituciones´, ´Rajoy ha desactivado la bomba política que Mas ha puesto en marcha´.

Tal vez los apelativos descalificadores (´facha´, ´ultra´, ´antidemócrata´ ´populista´) y desautorizadores  son los más frecuentes. La desautorización de la fuente de la noticia es el menosprecio de los argumentos ajenos, que son cuestionados apoyándose en su supuesta falsedad, en dudas sobre su origen (falacia genética) o en la falta de autoridad del adversario político con frases como: ´Nadie que esté en sus cabales...´.

Y por supuesto también queremos referirnos a la práctica política de demonizar palabras, de erradicarlas, de acotar el discurso. Un buen ejemplo ha sido el intento de acabar con la palabra ´escrache´, que no está en el código penal, y sustituirla en los partes policiales por otros términos (´acoso, amenazas, coacciones…´) que representan acciones que sí están en el código penal.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de EL PP ES COMO CÁRITAS.

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