@ellibelaresc

En una gaceta anterior, Prohibido lucir el canalillo, me hacía eco de la postura de los miembros de la Junta Mayor de las Cofradías de la Semana Santa de Alicante que han movilizado a casi treinta hermandades exigiendo que ´las mujeres que participen en las procesiones no podrán ir con falda más corta que la rodilla ni llevar escote o vestidos ceñidos´, entre otros preceptos.

Insisto en el tema que defendía en aquella ocasión. A mí estas posturas disfrazadas de beatería y promovidas por los eclesiásticos, que son los menos indicados para moralizar en lo referente a mujeres, me huelen a hipocresía y a intolerancia, la misma que han promovido a lo largo de los siglos. Reconsideremos posturas, hechos, declaraciones, evangelios y tradiciones y, en general, vistos los hechos que observamos con demasiada frecuencia, podremos concluir que las religiones monoteístas expanden el odio al cuerpo humano, no sólo el de la mujer, aunque es con el odio al cuerpo femenino con el que se han y siguen cebado. Nos enseñan a avergonzarnos de nuestro propio cuerpo, como si fuera algo pecaminoso. ¿Qué dios ´crea´ a unas criaturas a su supuesta imagen y semejanza y promueve, después, el odio hacia eso que son? Así es de absurdo y de irracional un ideario, el cristiano, basado en unas supersticiones indigeribles, pero que siguen impregnando, idiotizando y fanatizando la conciencia de millones de personas en el mundo.

En el tema de la mujer dentro del sistema católico lo más cómodo y productivo para esta iglesia es conservar por un lado un modelo de mujer sumisa, catequista, acrítica, inerme, idiotizada y sometida a los idearios machistas y misóginos que ya desde Pablo de Tarso, los llamados Padres de la iglesia y teólogos sublimes como Tomás de Aquino la iglesia católica siempre ha propagado. Ese es el auténtico tema. Y por otro escarbar en las conciencias pusilánimes de ciertos sectores cristianos (¿?) para mantener viva la idea de que la mujer, con sus minifaldas, escotes o vestidos ajustados es fuente de tentación, de pecado y de perdición.

Que lo tengan claro las mujeres: en la iglesia católica son cero, de acuerdo con Pablo de Tarso están al servicio de sus maridos. Y si son mujeres consagradas son muy productivas porque están al servicio de los curas. Si no que se lo digan a monseñor Rouco que, como ya indicábamos en una gacetilla anterior, La caridad del señor Rouco, en su nueva vivienda pagada por todos los católicos madrileños se ha construido un gran dormitorio con baño y vestidor, una habitación con baño para su secretario y, fijaos en el detalle, dos cuartos interiores y un baño compartido para las monjas, que le sirven con amor, mucha caridad y dedicación. Y eso sí: siempre sonriendo, como quiere Jesús.

Completaré esta gacetilla con un informe sobre el número de palabras que pronuncian las mujeres en la Biblia, para que el resultado nos dé una impresión sobre la misoginia de este libro. El estudio es de la monja Lindsay Hardin Freeman, que con la ayuda de otras tres mujeres de su comunidad religiosa en Minnesota (EEUU) desarrollaron durante tres años un trabajo que consistió en contabilizar cuántas mujeres aparecen en la Biblia y cuántas veces la Biblia recoge sus palabras, o las silencia. El trabajo culminó en el libro Mujeres en la Biblia: todas sus palabras y por qué importan, publicado en septiembre de 2014.

El resultado es concluyente: Sólo hablan 93 mujeres, pero sólo son nombradas 49 de ellas, casi la mitad. Todas ellas hablan un total de 14.056 palabras (por lo menos en la traducción en Inglés de la New Revised Standard Version), lo que supone un 1,1% del total de palabras que recoge la Biblia, que contiene alrededor de 1,1 millones de palabras.

De las mujeres que hablan en la Biblia, algunas son muy conocidas como María, la madre de Jesús de Nazareth, que pronuncia 191 palabras; María Magdalena, que dice 61; o Sara, esposa de Abraham, que pronuncia 141. Eva, por ejemplo, que tal vez sea la mujer más conocida de la Biblia, solo pronuncia 74 palabras. Sin embargo, una anónima ´mujer Sulamita´ en el Cantar de los Cantares, diserta con 1425. Judith, la asesina del general babilónico Holofernes, pronuncia 2689 palabras, y Esther, doncella judía que se convirtió en reina de Persia, 1207 palabras. La mujer samaritana, 151. Estas mujeres tratan temas como la pobreza, la fe, la infertilidad, el matrimonio, la oración, la violación y la guerra.

_____________________________________

En la gacetilla de mañana hablaremos de DATOS DE FILIACIÓN CATÓLICA.

Anuncios