@ellibelaresc

Es Borbón, y ya sabemos cómo se las gastan y disfrutan. Ha ´reinado´ con más pena que gloria, pero como un marajá, como un rey. Nada se le ha privado. A pesar de que su pueblo, ese que según las encuestas tanto le ama, pasara hambre. Él, desde luego, ni sabe qué es eso porque no ha tenido oportunidad.

El final de este hombre ha sido patético, digan lo que digan las crónicas urbanitas. Se ha ido por la puerta de atrás, con popularidad cero, sin apenas cortesanos que le rieran las campechanadas. Se ha ido tocado y hundido. Con fuego amigo y cruzado que le ha hecho, en términos bélicos, mucho daño. Pero ante tanta desgracia Juan Carlos parece que lo ha entendido. ¡Qué se jodan! Yo, ahora, a vivir, ¡como si no hubiera vivido antes!

Se le ha quedado  una jubilación de lujo bizantino y una paga de capitán general (187.356 euros al año), como suele decirse, y a cambio de nada. Dicen las crónicas que le han preparado un despacho en el Palacio Real para que pueda seguir utilizando sus triquiñuelas, que nos ha costado un montón a todos los españoles. ¿Y para qué? No lo pisa. Es casi imposible verle en actos públicos y oficiales, aunque siempre con la excusa de no restar protagonismo a su hijo, aunque muchas veces los plantones reales coincidan con días de asueto en la playa o en restaurantes fetén. Desde que lo obligaron a abdicar  ha recorrido más de 55.000 kilómetros en viajes de placer. El monarca emérito disfruta de un retiro de lujo que choca con la imagen de sobriedad y rectitud  que su hijo pretende dar.

Restaurantes de lujo (Celler de Can Roca, Arzak o el Bohío de Toledo), toros (en Brihuega, Guadalajara), partidos de la Premier aprovechando la amistad que mantiene con el dueño de los citizens, el jeque Mansour bin Zayed bin Sultan Al Nahyan y Fórmula 1 (Abu Dhabi, Bahréin). Una semana de lujo en República Dominicana antes de acudir a Uruguay a la toma de posesión de Tabaré Vázquez, Oriente Próximo, Colombia, 21 días en Tánger con Corinna en el verano de 2014 en una villa junto al mar propiedad de Felipe González, nochevieja en Beverly Hills para descansar de su ajetreada agenda y celebrar sus 77 cumpleaños lejos de la Pascua Militar. También se le ha visto por las calles más exclusivas de Londres donde, según la prensa italiana, convive con Corinna. No asistió al funeral del príncipe Kardam de Bulgaria en Madrid porque se encontraba de viaje en Barbados, por eso plantó también a su familia en la tradicional misa de Resurrección en Palma de Mallorca. Y sin contar lo que no ha trascendido de las vacaciones infinitas del que fuera jefe de Estado durante 39 años. Está ´pasando´ de todo, no cumple con sus obligaciones, que las tiene por el sueldo que percibe, y ha dejado plantada a su familia o ha faltado a actos oficiales para irse de vacaciones a la playa. Y todo ello, ahora sí, sin tener que dar cuentas a nadie. Cuando era rey debía y no lo hizo. Culpables los políticos que se lo permitieron.

Por lo que estamos viendo esa austeridad proclamada por su hijo acorde con los tiempos que vivimos no se ajusta al nivel de vida de su padre. ¿Pero es que, alguien dirá, estando jubilado no tiene este señor derecho a hacer lo que hace? Por supuesto. No diré yo que un soberano emérito no pueda hacer lo que guste con la generosa y ostentosa jubilación que todos sus conciudadanos le abonamos, pero tal como anda de apretada la mayoría de la población española y según huele a podrido en el reino del que fue Jefe del Estado y hasta en las inmediaciones de su familia, no parece lo más idóneo –ni ética ni estéticamente- que su placer viajero y demás gozosos afanes orientales y caribeños sean tan desaforados ni sostenidos. A menos que al rey emérito esos detalles se la refanfinflen, que sí, y como demostró en Bostwana.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de ESTÁN DE LOS NERVIOS.

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