@ellibelaresc

Se cansan de predicar que la Iglesia es la gran madre, la que acoge a todos, mima a los suyos y trata de reunir maternalmente a los dispersos en su regazo. La iglesia es bondad, amor, caridad, templanza, pobreza pero, sobre todo, es una madre.

Toda esta reflexión inicial se cae de sopetón cuando nos enteramos, y es una entre cientos, que el cura de san Clemente, en Cuenca, se niega a dar la comunión a un joven discapacitado, Raúl,  sin dar explicaciones, según denuncia su madre.

Raúl, de 35 años, nació con algunas deficiencias y está interno en un colegio desde que tiene seis años. Así y todo es una persona muy religiosa, dice su madre, y siempre que viene al pueblo quiere tomar la comunión pero el cura le saca de la fila sin dar explicaciones. El pasado fin de semana volvió a ocurrir, cuando en la primera comunión de su sobrina el cura le volvió a negar la comunión.

La madre de Raúl cuenta que ha ido a hablar con el obispo para que le den una explicación que justifique la negativa del cura del pueblo a darle la comunión. La respuesta ya os la podéis imaginar: circunloquios, palabrería, que es un sacramento que se tiene que recibir consciente, ninguna explicación convincente.

Desconozco los sentimientos, opciones y postura religiosa de mis lectores, pero en todo caso os ofrezco un resumen de lo que el Catecismo de la IC dice y predica de la comunión. ¿Se le puede privar a un ser humano, por múltiples deficiencias intelectuales que tenga, el derecho y la ilusión de ser feliz en la comunión con Cristo?

El Catecismo de la Iglesia Católica predica que recibir la Eucaristía en la comunión da como fruto principal la unión íntima con Cristo Jesús. Lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la comunión lo realiza de manera admirable en nuestra vida espiritual. La comunión con la Carne de Cristo resucitado, vivificada por el Espíritu Santo y vivificante conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el Bautismo. La comunión nos separa del pecado. Como el alimento corporal sirve para restaurar la pérdida de fuerzas, la Eucaristía fortalece la caridad que, en la vida cotidiana, tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra los pecados veniales. Por la misma caridad que enciende en nosotros, la Eucaristía nos preserva de futuros pecados mortales. Cuanto más participamos en la vida de Cristo y más progresamos en su amistad, tanto más difícil se nos hará romper con él por el pecado mortal. La Eucaristía no está ordenada al perdón de los pecados mortales. Esto es propio del sacramento de la Reconciliación. Lo propio de la Eucaristía es ser el sacramento de los que están en plena comunión con la Iglesia.

¿Este cura insensible y sin caridad conoce esta doctrina de la iglesia católica? ¿Cómo es posible que se niegue a hacer feliz a una persona que, libremente, quiere beneficiarse de los efectos del sacramento? ¿Aprobaría esta falta de caridad del cura de san Clemente su jefe máximo, Francisco? Quien lo quiera entender, que lo entienda.

POST DATA: estas gentes son de juzgado de guardia. El chico, dice el cura, no está en condiciones mentales de recibir el sacramento. En otras circunstancias, tan serias como esta, sí que es correcto que las monjas lleven a sus ancianos que no saben ni quiénes son a votar. ¡Hay de los que cometen escándalo!

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En la gacetilla de mañana hablaremos de  BEATO MONSEÑOR ROMERO.

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