@ellibelaresc

El 23 mayo el Vaticano beatificó al arzobispo de El Salvador, Óscar Arnulfo Romero. El arzobispo fue asesinado el 24 de marzo de 1980 y es conocido en muchos círculos religiosos (menos los españoles), políticos y sociales por ser el hombre que intentó mantener la paz y evitar la guerra civil salvadoreña que enfrentó entre 1980 y 1992 a la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y al Ejército salvadoreño, financiado por Estados Unidos, y que causó unos 75.000 muertos y 8.000 desaparecidos. El conflicto concluyó con la firma de los Acuerdos de Paz en Chapultepec, México, en 1992.

Monseñor Romero es para los salvadoreños mucho más que un mártir. Es el héroe, el defensor de las causas justas, el hombre bueno, es San Romero de América, como lo ´bautizaron´ desde que fue asesinado en San Salvador por un escuadrón de la muerte integrado por civiles y militares de la ultraderecha salvadoreña. Estaba condenado: Romero fue el primer personaje público en plantear la necesidad de dialogar y buscar formas de no explotar a la población por parte de la elite económica de esa época. Eliminar al arzobispo era un objetivo que le permitió al Estado salvadoreño, Fuerzas Armadas y grupos paramilitares profundizar prácticas genocidas de ataque a la población civil. Romero era un muro que era preciso derribar, como así ocurrió.

Un informe de la Comisión de la Verdad de la ONU, que investigó las violaciones de los derechos humanos durante la guerra civil salvadoreña, determinó que el exmayor del Ejército y fundador del partido de derecha Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), Roberto D’Aubuisson, fue quien dio la orden de asesinar a monseñor Óscar Arnulfo Romero.

Monseñor Romero es el personaje al que se le acusó de político, de marxista, de comunista y de guerrillero, y que ahora, Francisco, ha hecho justicia y ha desmentido las acusaciones con la beatificación, a pesar de la resistencia del sector más conservador de la Iglesia, incluida la curia española. Benedicto XVI y Juan Pablo II dieron la espalda a los mártires progresistas y optaron por premiar y proteger a quienes menos lo merecían, como José María Escrivá de Balaguer o el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, acusado de múltiples abusos sexuales por miembros de su propia congregación. El proceso para la beatificación de monseñor Romero se inició en 1994, pero no llegó ninguna respuesta desde el Vaticano. El expediente permaneció olvidado en la etapa en la que Ratzinger estaba al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Para la iglesia católica una ceremonia de beatificación o de santificación es una fiesta religiosa de una gran solemnidad a la que suelen asistir altas jerarquías eclesiásticas. Como así ha sido, menos de la iglesia católica española que no ha tenido representación en el acto por orden del arzobispo emérito de la Archidiócesis de Madrid, Rouco Varela, que llamó personalmente a los obispos de la iglesia católica de España para que no asistieran a la beatificación de monseñor Romero por considerarla ´política´. Rouco lleva muy mal lo de no estar en la primera línea y, por lo que se ve, sigue teniendo poder dentro de la Iglesia española. ¡Qué cinismo! El hecho sentó muy mal en el Vaticano, que ha expresado su malestar con una decisión que demuestra que la jerarquía católica española no marcha al mismo paso que el papa Francisco. Algunos obispos quisieron rectificar pero ya no fue posible. Para justificarse adujeron problemas de agenda. La beatificación coincidía con la fiesta de Pentecostés y debían celebrarla con sus fieles. ¡Miserables! ¡Vergüenza!

De Rouco era de esperar. Bajo el manto protector, primero, de Juan Pablo II y, después, de Benedicto XVI, se unió a los ultracatólicos del Opus Dei, a los Legionarios de Cristo, los Kikos o Comunión y Liberación para hacer una guerra política abierta contra todo lo que oliera a progresía, especialmente las leyes de igualdad social aprobadas por el Gobierno de Zapatero. El cardenal fue, como ya saben mis lectores, uno de los obispos que más resistencia hizo a la apertura que se anunciaba con la llegada de Francisco al Vaticano.

_______________________________

En la gacetilla de mañana hablaremos de INTERRÚMPEME.

Anuncios