@ellibelaresc

Don Mariano se las ve venir y tiene las orejas más tensas de lo habitual. ¡Que viene el lobo, que viene Podemos! Esa parece ser la táctica y el argumentario que está poniendo en práctica tras los resultados de las municipales y autonómicas y estar comprobando día a día que la tarta se le va a quedar muy pequeña.

Ahora, tras la negativa del Secretario del PSOE a pactar con el PP una ´gran coalición´, la ha tomado con Sánchez al que acusa de sectarismo y extremismo por su connivencia con Podemos y su actitud antidemocrática de no pactar con el PP. Apoya esta tesis doña Soraya acusando también a Sánchez de estar ´cada vez más escorado hacia la izquierda radical´.

Esta afirmación de la vicepresidenta me ha producido un herpes ideológico, y con el escozor una necesidad imperiosa de contestar a esta señora. ¿Sabes, señora vicepresidenta de uno de los gobiernos más fascistas de Europa, qué es ser radical? Toma nota.

Mira, Soraya, sí es cierto que todos los demás que no sean PP son unos radicales. Por supuesto. Porque aquí y ahora, en este país que habéis destrozado, es radical quien defiende los derechos humanos y denuncia, os denuncia, el abuso de poder y cualquier tipo de sometimiento como el que habéis conseguido con la Ley Mordaza. Ser radical es quien rechaza la intolerancia que alentáis en la calle y rechaza la falta de libertad que día tras día habéis ido arrebatando a los españoles.

No me pidáis que sea tolerante con los que siembran intolerancia; ni con los que salen a la calle coléricos a vociferar barbaridades porque en las Elecciones no han salido los suyos, como las cuatrocientas personas que manifestaron su pensamiento fascista en la Plaza de Colón el pasado 30 de mayo en contra de Podemos y de Manuela Carmena. En una concentración que apestaba a franquismo, estos pocos cientos de personas mostraron un integrismo exacerbado, además de banderas y símbolos de la España más negra, y llegaron a insultar y a golpear a periodistas de La Sexta que, cumpliendo con su trabajo, grababan el bochornoso espectáculo. Se oyeron gritos como ´No queremos Venezuela´, ´No queremos comunistas en España´, ´Os voy a matar, no vais a salir vivos´, emitidos por los mismos fanáticos cuya ideología monolítica, intolerante y ultracatólica se alía perfectamente con la intolerancia y la irracionalidad religiosa. Estos son los votantes clásicos del Partido Popular, esos mismos que se creen los poseedores de los ´valores´ y de la moral; esos mismos que escuchan misa diaria y que, como decía Machado, oran y embisten, y son devotos de Frascuelo y de María.

No es una casualidad. Fanatismo político y religión son conceptos absolutamente ensamblados, porque la religión, basada en la creencia ciega en algo indemostrable y en el rechazo de quien no se adhiere a esas ideas, posee en su propia esencia el germen del pensamiento irracional y fanático; el creerse con la verdad absoluta y el repudiar y perseguir a los que no se adhieren a esa ´verdad´ ha sembrado de guerras, dictaduras, genocidios y espantos la historia de la humanidad. Es ese mismo fanatismo el que lleva a esa gente de la extrema derecha a no aceptar los resultados de las urnas y a echarse a la calle a mostrar su odio, su intolerancia y su sinrazón.

Es el mismo fanatismo que se opone a la enseñanza laica y científica en las escuelas, y  ampara la corrupción; el que ha arrasado España en forma de neoliberalismo, y el que venera banderas e himnos obsoletos mientras desprecia a las personas; el mismo que se opone al progreso, a la libertad y a la razón. Todo emana de lo mismo. Y llaman radicales a los de Podemos.

Al PP no solo le disgusta el giro a la izquierda, sino también la disgregación del poder entre un número mayor de partidos políticos porque los van a dejar con el culo al aire. Da igual que lo hayan decidido con su voto la mayoría de los españoles, para el PP es un error no ser ellos los elegidos y dueños del cotarro y ver que la situación actual con la deriva a la izquierda  hará difícilmente gobernables, según ellos, muchos ayuntamientos y comunidades autónomas. Porque con lo fácil que lo tenían lo van a tener muy complicado. Imaginaos el galimatías que puede suponer una simple recalificación de terrenos, o la concesión de una contrata a una empresa privada para realizar un servicio público. Lo que antes se solucionaba con un guiño y un sobre, ahora puede suponer, en el mejor de los casos, una repartición mayor de las ganancias y, en el peor, que se tenga que acabar actuando de forma transparente.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de SIGUEN SIENDO UNA PESADILLA.

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