@ellibelaresc

Seguí la puesta en escena del PSOE para la proclamación de Pedro Sánchez como candidato a la Presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales y confieso con mucho pesimismo que me defraudó y dolió como no podéis imaginar. ¿Cómo es posible que él y la gente que le aconseja puedan pensar que enarbolar esa bandera le va a granjear más votos de los que tiene? ¿Es la bandera el problema o lo es la pésima política que en la última legislatura aplicó Zapatero? ¿Cómo es posible que un partido como el PSOE renuncie a la bandera republicana porque cree que adoptando la impuesta por los vencedores de la Guerra Civil les va a dar más votos? ¿Cómo es posible que no se enteren de que la utilización de la bandera es un formato rancio que no da votos?

Y más. ¿Cómo es posible que el PSOE caiga en la trampa de Rajoy que les llama radicales? ¿Y ese término, Pedro, te avergüenza? Si yo fuera tú estaría de lo más orgulloso. Este país, para que lo sepas, solo se puede salvar con posturas radicales. Es algo que no tienes, tenéis, muy claro porque recurres a la bandera para conjurar el miedo.

¿Fue adecuada esta puesta en escena? En un país en paz con su Historia y en armonía con sus símbolos, el despliegue electoralista de la inmensa bandera no hubiera dado ni para un comentario a pie de página. No es el caso de la España actual. Pero así y todo el oportunismo de Sánchez estuvo presente en todo el acto: ´Lo que quiero es que el PSOE sienta esa bandera como propia, es tan nuestra como del resto ´. ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible que piense que la bandera española, la roja y gualda, en estos momentos, une? ¿Se ha parado a pensar en lo que significa para los que perdieron la guerra y las vileza que tuvieron que soportar? A eso se le llama traicionar los valores, y la puesta en escena, mitad teatro, mitad circo.

Argumenta Pedro Sánchez que el efecto óptico de la bandera fue para normalizar su uso. Se equivoca. Para normalizar el uso de la bandera hace falta mucho más que sacarla a lo grande en un mitin. Porque me reconoceréis que, fuera del ámbito deportivo e institucional, de normalización nada de nada. Salvo para los que la normalizaron ya en la primera hora de la Transición, porque la traían ya normalizada del tiempo anterior. Por algo será que el PSOE no la ha sacado en sus mítines en cuarenta años. Muy normalizada no la tendría. Sí, somos muchos los españoles que seguimos pensando que menear esta bandera fuera del estadio es algo facha. Y al menos a mí, nunca me ha importado que la derecha se apropiase de los símbolos nacionales, eso que tanto preocupa a algunos. De verdad que no.

Pedro Sánchez se llama a engaño si cree que la Transición resolvió de una vez por todas el asunto de los símbolos –himno, bandera y forma de Estado– destinados a representar la unidad de los españoles. Como en otras materias, aquel pacto, derivado de una determinada correlación de fuerzas, produjo una solución que ha sido útil durante unas décadas, pero que nunca ha llegado a cerrar de modo definitivo el debate primario. Somos muchos los españoles que no nos sentimos identificados ni representados con la rojigualda. Unos la identifican con la monarquía –y con razón: fue establecida como bandera nacional en 1843 a partir de la enseña de la Marina borbónica– y desearían tener la oportunidad de votar sobre la forma de Estado. Otros la asocian con el franquismo, que la esgrimió en su sublevación contra la República y la impuso manu militari durante su larga dictadura. Si la Transición hubiera cerrado el asunto de los símbolos, no habríamos discutido hace pocas semanas sobre la pitada monumental a la Marcha Real en el partido de fútbol que enfrentó al Barça y el Athletic de Bilbao. Los pusilánimes del Gobierno y mucho PP centraron el tema en cómo sancionar el hecho y no se interrogaron sobre el porqué de ese comportamiento. El amor no puede imponerse por decreto. Los símbolos, tan importantes en ciertos comportamientos, no se han consensuado ni votado. Tampoco la Jefatura del Estado. Y así no se puede seguir. Hace falta que un partido político con voluntad de hacer Estado tome este toro por los cuernos y le ponga sentido común. Se hace imprescindible un referéndum, digan lo que digan PP y PSOE.

Tiempo al tiempo. Veremos si el ´banderazo´ le da votos a Sánchez en la zona templada o se los quita entre los votantes socialistas que por biografía no acaban de sentirse cómodos con la efervescencia ´banderil´  de su líder.

En la gacetilla de mañana hablaremos de  EL PP Y ETA.

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