@ellibelaresc

Con sigilo, nocturnidad y alevosía ha salido del gobierno tal vez uno de los peores ministros de Educación y Cultura de la España antigua, moderna y contemporánea, o si se prefiere de la democracia, la dictadura, el falso comunismo feroz staliniano o la autarquía universal. El exministro más cínico y chulesco del gobierno Rajoy que aprobó una ley de educación sin consenso, por sus narices y con los votos del PP, que provocó siete huelgas en el sector de la educación, recortó por todos los lados el sistema de becas y se cargó la asignatura social de Educación para la Ciudadanía para imponer la de los obispos. El tono petulante y a veces agresivo de Wert le granjeo durante su mandato multitud de ´enemigos´, los que se buscó, aparte de los que ya tenía en el propio Gobierno. Bochorno el sufrido cuando los alumnos más brillantes de España le negaron el saludo.

Sin temor a la crítica, siempre con un tono erudito y respondón, Wert se metió alegremente en casi todos los jardines que tuvo a mano. Las familias que no quieren invertir en la educación de sus hijos, los jóvenes que quieren becas pero no estudiar, la educación pública que ya no contribuye a la sociedad, los universitarios que no llegan al promedio y deberían pasarse a la FP. Lo urgente hoy es ahorrar; lo importante, después, reformar la educación. La selectividad no funciona porque la ´pasan´ el 94% de los alumnos. El interés del Gobierno es españolizar a los alumnos catalanes con el fin de que se sientan tan orgullosos de ser españoles como catalanes. Si alguien se anima, que escriba un libro sobre mi carácter: soy como un toro bravo que se crece con el castigo. El nivel de discrepancia o conflicto que hay en España (por las protestas por la LOMCE) se puede considerar una fiesta de cumpleaños. En el Parlamento soy un portento de humildad. Esto es una jungla y yo sin machete. Solo tiro la toalla, generalmente con cierto desorden, al salir de la ducha. No soy un entusiasta incondicional de la autoevaluación, pero estoy razonablemente satisfecho con mi gestión al frente del Ministerio… son algunas de las perlas que nos ha dejado el inefable Wert.

Como estaba previsto, don Mariano ha sustituido a José Ignacio Wert, de viaje de novios con Montserrat Gomedio, su Secretaria de Estado en el ministerio, por las calles de Paris, por Iñigo Méndez de Vigo y Montojo, hombre de Marcelino Oreja, ‘primo’ del ministro de Defensa, socio del Ministro de Exteriores, rico de familia y matrimonio, barón y marqués consorte, hermano de ‘súper espía’, lo tiene todo.

Rajoy no falla, la educación para los curas y sus seguidores. Entrega la Educación al sector ‘ultracatólico’ de su partido, cumple con sus compromisos y ha nombrado, como ya lo fuera su predecesor, a uno de los más cualificados componentes de la democracia cristiana hispana que son de los de obediencia debida a la jerarquía eclesiástica del nacionalismo católico apostólico y romano. Nada de improvisar con perfiles laicos. Bromas las justas. Méndez de Vigo, educado, de buenas formas, políglota y conversación distendida es, sobre todo y ante todo, un ferviente seguidor de las corrientes más conservadoras de la iglesia católica.

Independientemente de quién se va y quien ocupa el ministerio de Educación hay algo que los políticos deberían tener muy en cuenta: el fracaso colectivo que se repite legislatura tras legislatura en el tema de la enseñanza y la incapacidad de los políticos para consensuar un pacto de Estado. Nuestro país está hipotecando su futuro al mantener la calidad educativa en los índices más bajos de toda Europa. Y Rajoy sin enterarse de que la crisis no se soluciona con un cambio de cromo sino de políticas.

Wert es para los españoles el ministro de Educación y Cultura menos valorado de la historia. El dato, que podría ser muy negativo, puede tener una lectura positiva: refleja el miedo de la gente a dejar de saber, de pensar o de soñar. Lo normal es que se odie al ministro de Hacienda, pero que el objeto de odio sea el ministro de Educación y Cultura me parece más que significativa. La derecha empieza a huir por el lado de la cultura. Da la impresión, espero, sueño, que este síntoma significará que nos estamos curando de algo. De nosotros mismos, o sea.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de PAÍS SERIO.

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