@ellibelaresc

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ultraconservador y experto sexólogo, presentó hace unos días un libro sobre sexo titulado Sexo con alma y cuerpo en el que carga contra la forma de relacionarse sexualmente los jóvenes, contra la masturbación, la pornografía y la homosexualidad. Por la profundidad con que trata el tema tal vez el libro sea producto de su intensa vida sexual. No me extrañaría, porque de no ser así cómo se atreve a hablar de lo que no conoce. ¿O sí? El libro ha sido escrito en colaboración con Begoña Ruiz Pereda, miembro de la Fundación Desarrollo y Persona y licenciada en Ciencias Religiosas (¿?).

Para este representante de la iglesia católica es muy distinto el placer que se obtiene de una relación sexual sin amor del de otra relación en la que amor es lo que se quiere comunicar, y equipara ambas relaciones al jamón de jabugo o jamón de paleta cocida. Se llama jamón pero no es lo mismo´ (ironiza con conocimiento de causa, sobre todo por lo del jabugo y me impresiona la seguridad con que establece la diferencia entre un placer y el otro, ni que fuera maestro jamonero).

Estas son algunas de las perlas que aparecen en el libro recogidas en medios como Público, El Confidencial y Religión en Libertad:

– La cultura del rollo, como se llama popularmente, de que cada fin de semana me enrollo con uno o con otro, genera muchas heridas y nos acostumbra a ser utilizados y a utilizar a los demás.

– Divertirse en clave de ‘lío’ (entendido este como el contacto íntimo con alguien con quien no se tiene un compromiso formal) es como ir a buscar cacho. ¿Cacho de qué? ¿De chorizo? ¿De morcilla? ¿De butifarra? El ‘lío’ es como la comida basura: uno reconoce que no es buena para la salud, pero está rica, es barata y casi siempre apetece.

 – Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

– La masturbación es una especie de violencia sobre el cuerpo, porque pretende arrancarle el placer, sin vivir a cambio la verdad del amor que le da sentido.

– La pornografía está unida a la masturbación, y aunque normalmente ha estado dirigida al público masculino ahora que las mujeres, a consecuencia de la ‘revolución sexual’, reproducen modelos de comportamiento masculino, también entran en este desorden con cierta frecuencia.

– No es habitual encontrar a un joven que te presente a su novia o a una chica que te presente a su novio. Cuando ocurre, compruebas que están insertados en algún grupo de experiencia cristiana o que pertenecen a familias de hondas raíces cristianas.

– La gran mayoría de los cursos de educación afectivo-sexual que se imparten en la enseñanza pública son abiertamente antinaturales por haber asumido la ideología de género. Una de las estrategias de la ideología de género es la de hacernos creer que la castidad no es posible entre los jóvenes. La castidad es buena para nosotros; más aún, no sólo es buena sino que es bella y atrayente.

– El noviazgo es la etapa del discernimiento y el matrimonio, el de la entrega. Por eso, si nos dedicamos a retozar con nuestra pareja antes de casarnos después corremos el peligro de discernir a destiempo -es decir, durante el matrimonio- sobre la idoneidad de la relación. Y de ahí al divorcio hay un paso, Dios no lo quiera. (Y todo por haber fornicado a destiempo, quién lo iba a decir).

– ¿Qué le pasa a la sexualidad tras la muerte? La sexualidad no termina nunca, no es ciencia ficción. Sin ánimo de desilusionar a los más disolutos, la idea es que en el cielo hay sexualidad pero sin genitales. Cuando intentan explicar esta ausencia se montan un follón y aclaran que no se puede dar más información porque ´caeríamos en el peligro de hacer cábalas para las que no tenemos datos´. (Una afirmación que puede extenderse, sin mayores inconvenientes, al resto del libro).

Y enhorabuena por el derroche de imaginación. Tiene mérito que, quien ha contraído el voto de castidad, se mueva con tal desparpajo en el territorio del sexo con alma y cuerpo.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de SOIS BASURA.

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