@ellibelaresc

Desde que ha salido del plasma a don Tancredo se le ha subido el ego y la autoestima. Se ha convertido en el más dicharachero de su partido, con esa sonrisa sardónica inaguantable y sus gestos extravagantes e impostados de sargento de húsares. Pero al final tenemos la de siempre: no sé de qué puede presumir el, tal vez, presidente de Gobierno más inculto de Occidente. Ni se molesta en leer documentos esenciales como la última propuesta griega porque es un ´coñazo´, como presidir el desfile el día de las Fuerzas Armadas.

Tiene la osadía de pedir a Tsipras valentía para ´poner en marcha las reformas que necesita la economía griega para crecer y crear empleo, como ha hecho él en España´. ¿De qué reformas presume nuestro cínico y ´paleto´ jefe de Gobierno?

Presume de que sin su política de austeridad habríamos seguido el camino de Grecia. Falso. Empecemos por las subidas de impuestos. 36.000 millones de euros anuales a día de hoy después de subir o inventar 85 nuevas figuras tributarias en el conjunto de las Administraciones Públicas (AAPP), y todos sin excepción recayendo sobre familias y pymes, que sufren ya la mayor presión tributaria individual de toda la OCDE. Nada más llegar al poder, su primera medida fue subir impuestos ´porque no hay otro remedio´, dijo con toda su cara. De un presupuesto de gasto de 450.000 millones de euros, de los que 100.000 millones son puro despilfarro, no había según este inútil un solo lugar ni una sola partida de gasto de donde recortar 10.000 millones, que fue la primera subida, cuando solo en duplicidades entre AAPP se tiran 32.000 millones de euros anuales. Si se hubieran eliminado las duplicidades no habría sido innecesario subir ningún impuesto.

Su siguiente y estelar reforma ha sido permitir a los monopolios el mayor abuso de posición dominante de la historia industrial de España, elevando los precios de la electricidad, del gas y de los carburantes. Y ya en el colmo del escándalo impide que familias y empresas puedan instalar paneles fotovoltaicos que generan la electricidad a mitad del precio de lo que pagan, y en el súmmum de la inmoralidad ponen una tasa inasumible a la pila Tesla, que permite acumular electricidad e independizarse totalmente de la red.  Podemos apreciar con estas medidas que España es un paraíso fiscal para grandes empresas y un infierno fiscal para familias y pymes.

Siguen las reformas estructurales. Ha recortado gasto en sanidad, educación, dependencia, becas y prestaciones por desempleo en más de 30.000 millones. De las 3.500 empresas públicas que prometió que iba a cerrar y que suponen un despilfarro anual de más de 25.000 millones de euros, no ha cerrado ni una sola (se ha limitado a fusionar una docena). Una auténtica vergüenza.

¿Y qué decir de una reforma laboral que únicamente sirve para crear empleos de 600 euros y está llevando a España hacia el tercermundismo? Las cuentas del Presupuesto 2015 no están cuadrando ni de broma; los nuevos empleos no solo no generan, sino que cuestan dinero a la quebrada Seguridad Social; los ingresos presupuestados que iban a crecer un 7%, lo hacen al 1,4%, un agujero de más de 6.000 millones; y en cuanto a los ingresos fiscales, a pesar de que según Rajoy y su banda crecemos al 3,3%, suben poco más de la mitad de lo previsto, y eso que el turismo está tirando como nunca. En conjunto, los ingresos del Estado y Seguridad Social apuntan a 10.500 millones menos de lo esperado. Los gastos, los correspondientes a pensiones están creciendo al 3,8%, y en los del Estado se reducen algo porque las prestaciones por desempleo están cayendo al 18% más de 500.000 parados se quedarán abocados a la miseria y al hambre.

Lo realmente relevante es que Rajoy ha endeudado a España en 590.000 millones en solo 3,5 años, la mayor cifra de nuestra historia, y mantiene un déficit primario (contando el de la Seguridad Social) del 4% del PIB, lo que significa que lejos de sus mentiras en España tenemos 5 o 6  ´Grecias´ escondidas. (Fuentes: El Conficencial, Diario y VozPópuli).

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En la gacetilla de mañana hablaremos de FERNÁNDEZ DÍAZ, ¡QUÉ SUSTO!

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