@ellibelaresc

Estos rojos, desde que han tomado posesión de ayuntamientos y comunidades no están dejando títere con cabeza, proclaman escandalizados los meapilas y los celosos guardianes de las esencias patrias, esas que durante tantos años les hicieron a ellos tan felices, tan unos, tan grandes y tan libres.

Ya han empezado a desvincularse de la parafernalia de la iglesia católica (lo veíamos en una gacetilla anterior, Aunque lentos, avanzamos) y ahora les toca también a ´símbolos´ civiles difíciles de justificar en el siglo XXI.

Ada Colau ha retirado el busto del rey emérito de la sala de plenos del ayuntamiento de Barcelona. Kichi sustituye en Cádiz un retrato de Juan Carlos de Borbón por otro que rehabilita la figura del anarquista Fermín Salvochea, alcalde de la ciudad seis meses durante la Primera República, activista ilustrado que vivió dedicado en cuerpo y alma -murió en el empeño- a la lucha por la igualdad. Carmena anuncia que cambiará el nombre a más de doscientas calles madrileñas con efluvios franquistas y, según el ABC, no acude a las recepciones del Palacio Real. Ferreiro comunica que se ha acabado la historia esa de que el ayuntamiento de A Coruña financie la fiesta de los toros. La navarra Uxue Barkos ha jurado como presidenta de la Comunidad Foral de Navarra sin contar con el arzobispo, ni con el capitán general, ni con representantes de la policía ni la guardia civil entre los invitados ¡qué escándalo! Pedro Santisteve, en Zaragoza,  ha osado no estar presente en la solemne entrega de despachos de la Academia Militar dejando plantado al mismísimo ministro de Defensa. Y también en Zaragoza el Pabellón Príncipe Felipe ahora se llama José Luis Abós. En Valencia Joan Ribó ya ha anunciado que la procesión cívica del 9 d´Octubre, será cívica.

¿No clama al cielo que aún andemos en estas nada menos que… ¡cuarenta años después del comienzo de la tan manida Transición, treinta y siete años más tarde de la aprobación en referéndum de la Constitución todavía vigente? El tiempo ha ido pasando y los tabúes continúan aquí. Como las tradiciones, colonizando nuestra vida diaria y, en muchos casos, haciéndola girar en torno a ellas. Y cuando por fin se empiezan a cuestionar, cuarenta años después, la monarquía, los toros, la promiscuidad iglesia-Estado o la presencia militar en los actos institucionales, cuando se comienzan a promover tímidos gestos simbólicos para cambiar las cosas, la caverna se tira a la yugular inmediatamente y rellena a diario decenas de páginas de periódico, horas y horas de programación en radios y teles… rasgándose las vestiduras por tan imperdonable osadía.

¿Esto es el nuevo gobierno de los ultras? Se equivocan si así lo piensan. Lo anterior son minucias. Lo bueno viene ahora, porque no van a tardar en saltar los escándalos que nos pondrán al día en las auténticas barbaridades que se han cometido en este país desde la Transición (y ya no me paso a los cuarenta años de franquismo).

Me congratulo con estos nuevos gestos, pero también me sorprendo cuando pienso el tema y deduzco que estos gestos que ahora quieren ser normales deberían de haberlo sido hace ya muchos años. Me pregunto por qué no ha sido abordados hasta ahora en tantos ayuntamientos gobernados durante tantos años por el PSOE, por qué nadie le ha plantado nunca cara a los prebostes de la sombría Conferencia Episcopal, y les ha dicho miren ustedes, esto es un Estado aconfesional según el artículo 16 de la Constitución, así que vamos a ver si empezamos a cumplir ya alguna ley, aunque sea alguna…

Y tengo un temor: que la presión tan agobiante que saben hacer estos del PP ahoguen las iniciativas. Que  dado el primer paso una vez más se echen atrás. Que acaben cediendo a la presión y los continuemos viendo entre obispos y generales, presidiendo actos religiosos, financiando corridas de toros, entregando diplomas militares y dejando el cambio de nombres de calles y plazas para mejor ocasión.

Sería lamentable. Espero que no.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de LUNA DE MIEL.

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