@el libelaresc

Este libro de la periodista Ana Romero es la crónica de los hechos que llevaron a la abdicación de Juan Carlos I y el escenario desolador de los últimos años del reinado juancarlista. Recoge una cadena de circunstancias y acontecimientos nefastos para la institución y para quien la encarnaba, empezando por una familia desestructurada, en la que los cónyuges ya estaban distanciados incluso en vida de Franco, con un rosario de infidelidades del rey, con este despreciando a la reina y ella retribuyéndole con su indiferencia. Una familia que, a la postre, se convirtió en un  descomunal quebradero de cabeza, que afectó a la línea de flotación de la monarquía, cuando estallaron los escándalos de corrupción que salpican a la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín. Añádase a ello la estrecha relación del rey con una exuberante y supuestamente intrigante princesa germano-danesa en la que, al parecer, encontró consuelo personal cuando la tierra se le hundía bajo los pies sin que él pareciese darse cuenta. La relación tardía de un hombre anciano y enfermo con Corinna alarmó al más estrecho entorno real, que incluía desde al jefe de la Casa, Rafael Spottorno, al director del CNI, Félix Sanz Roldán, al responsable de comunicación, Javier Ayuso, e incluso el ex presidente socialista Felipe González. El resultado fue la abdicación.

La autora ordena lo que hoy es público y notorio, enumera el accidentado historial médico del monarca, rememora hechos que en su momento se ocultaron, recoge el entramado de adulaciones y maniobras cortesanas propias de otros siglos, intenta poner luz y detalles en la historia interior del reinado del heredero designado de Franco y dispone cronológicamente la última, apasionante, psicológica y novelesca cuenta atrás que condujo a la abdicación, anunciada el 2 de junio de 2014.

Más allá de un reconocimiento genérico a los buenos servicios prestados al país, el retrato resultante no es amable para el actual rey emérito, al que se muestra dilapidando un supuesto capital de prestigio acumulado durante décadas y dando prioridad a su interés, bienestar y capricho personales, en línea con otros Borbones de infausto recuerdo, como Fernando VII, Isabel II y Alfonso XIII.

Final de partida recoge hechos que, en otro escenario, serían carne de Hola pero que en este contexto adquieren relevancia política e incluso institucional. No es baladí, por ejemplo, que el rey estuviera ausente en Suiza con una de sus amantes cuando debía firmar un importante nombramiento; ni que se fuese a cazar elefantes a Namibia cuando el país se desangraba por la crisis económica; ni que, supuestamente, pidiera a su hijo y heredero Felipe que se divorciase de una Letizia Ortiz a la que nunca vio como futura reina; ni que Corinna zu Sayn-Wittgenestein –la otra- llegara a instalarse en una residencia en el monte del Pardo adscrita a la Zarzuela; ni que forzase el planeamiento de una agenda exterior que primaba de forma desproporcionada los viajes a las monarquías autoritarias, multimillonarias y sobre todo amigas personales de la península Arábiga.

Ana Romero muestra con habilidad un escenario complejo y a la postre desolador que, sin definir el balance final de un reinado crucial y menos honorífico de lo que se ha pretendido, sí puede convencer a quienes aún piensen que hay motivos prácticos para que sobreviva la monarquía de que se trata de una institución obsoleta que, por elementales motivos de salud democrática, debería desterrarse a las páginas de historia. Y mejor pronto que tarde.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de LA TRAMA PÚNICA.

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