@ellibelaresc

Cecil¿Importa tan poco la situación de la gente de Zimbabue como para que solo genere titulares el hecho de que un león se haya convertido en trofeo de caza de un dentista estadounidense? ¿Es más importante la vida de Cecil que la del noventa por ciento de zimbabuenses que están en paro? ¿Sabe occidente que en Zimbabue el león Cecil vivió en un país que es el hogar de algunas de las personas más pobres de África y que, literalmente, no se sabe cómo pueden subsistir? ¿Que el león Cecil vivió en un país donde las tres cuartas partes de la población viven con menos de un dólar al día? ¿Es más importante la vida de Cecil que la de ese veinticinco por ciento de niños que mueren por malnutrición cada año? Triste es que Zimbabue haya estado los días pasados en las cabeceras de todos los periódicos del mundo por la muerte del león Cecil y no por los desmanes que la dictadura asesina de Robert Mugabe aplica sin ninguna consideración con las gentes del país. ¿No es tristísimo que el suceso en Zimbabue sobre el que más se ha escrito en el mundo en los últimos diez años haya sido la muerte de un león?

Y digo todo lo anterior siendo, como soy, un defensor y amante de los animales.

La muerte de Cecil por un dentista norteamericano le ha servido al régimen de Mugabe para darse un respiro, pedir la extradición del cazador por el crimen  y hacer ver al mundo su actitud y defensa de los animales salvajes del país. Todo un montaje y un paripé.

Hace pocos meses, cuando el dictador celebró sus 91 años, dio una fiesta para veinte mil invitados que, por supuesto, no cabían en un salón cualquiera y fueron concentrados en un estadio. Se sirvió entonces una parrillada gigante donde podía escogerse entre lomos de elefante, entrecotes de búfalo, piernas de impala y costillas de antílopes negros, todo un zoológico sobre las brasas.

¿Y cómo se financió este célebre ágape, que costó más de un millón de dólares? Cada empleado público, empezando por los maestros de escuela, que son siempre los primeros en pagar los desmanes de Mugabe, fue obligado a donar de su escuálido sueldo una cuota de 2 dólares por cabeza. Los remisos recibieron la visita persuasiva de los comités de base de los barrios, formados por veteranos de la guerra de liberación, miembros de la liga de mujeres y de la juventud del partido, para invitarlos a entregar ´libremente´ sus contribuciones voluntarias.

Huéspedes especiales de la festividad fueron cien niños escogidos entre quienes han tenido la dicha de nacer en la misma fecha de Mugabe. Pero la cumbre de la celebración fue la entrega que hicieron al líder eterno de una cabeza de león recién cazado. Cecil se salvó de que su cabeza fuera llevada a la mesa de Mugabe en una bandeja de plata. Otro destino fatal, aunque menos glorioso, lo esperaba.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de POLOS OPUESTOS.

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