@ellibelaresc

Recurrir a la tradición para defender una salvajada, un itinerario procesional, una conducta o una mutilación es una tremenda falacia, un despropósito que, en realidad, no justifica otra cosa que no sea la cerrazón mental, la ignorancia y el salvajismo de algunas mentes que se empeñan en no evolucionar y continuar, en el siglo XXI, a la altura de los hombres de las cavernas. Así las cosas es más que evidente que la palabra ´tradición´ se convierte, en boca de muchos, en un perverso eufemismo que pervierte conceptos y desvirtúa la realidad. Cuando las cosas nos importan ni mucho ni poco nos dejamos llevar y solemos recurrir a una expresión muy manida: ´Es que siempre ha sido así´. Es la tradición.

Que sea la tradición no es sinónimo de bondad, ni de bien hecho, ni de conveniente, ni de acertado. Las tradiciones están ahí y las podemos mantener cuando así lo exige el buen criterio y la bondad de lo tradicional, pero en muchos casos, en infinidad de casos, tendríamos que hacer una reflexión y cambiar la tradición, que en ocasiones es perversa y mala. Con frecuencia la tradición no es otra cosa que una máscara con la que se quieren justificar bajezas que han logrado mantenerse en el tiempo. Por eso me he planteado muchas veces si todas las tradiciones son buenas, si deben considerarse las tradiciones o fiestas tradicionales como signos de identidad de los pueblos y ciudades, si realmente todas las tradiciones merecen ser conservadas.

Muchas veces el término tradición, en España, va asociado a salvajadas que se intentan justificar bajo el término y que ponen en evidencia el ser primario que hay en muchos, muchísimos españoles. Somos un pueblo de bárbaros, de atilas que por donde pasamos no dejamos bicho viviente. Lo que más nos importa es la juerga, aunque sea bruta, y aunque vaya en contra de la razón, de los ojos y del estómago. Pienso en tradiciones españolas que consisten en tirarle dardos a unas vaquillas, darles palos a los toros hasta matarlos, tirar animales desde un campanario, el toro de la Vega de Tordesillas, la cabra de Manganeses de la Polvorosa o el toro júbilo de Medinaceli; la becerrada de Algemesí que por cercanía tengo que juzgar como cruel, salvaje y aterradora. Los participantes van borrachos de cazalla hasta arriba y les meten a los becerros la espada por la pierna, por la barriga, por el cuello… Lo que hacen con los becerros es lo más cruel, salvaje y aterrador que se hace en la Comunidad Valenciana; los Toros enmaromados, los patos al agua de Sagunto, las corridas de gansos en Carpio del Tajo (Toledo), el apedreamiento de Judas, en Robledo de Chavela (Madrid), las peleas de gallos, y un sinfín más de barbaridades que recorren toda España.

¿Siempre hay que respetar la tradición? Pido que se recuperen algunas tradiciones muy divertidas y estimulantes, como el derecho de pernada, y que se enseñe a los niños a utilizar el tirachinas y las escopetas de perdigones para abatir gorriones y tordos, destrozar cristales del Ayuntamiento y vidrieras de las iglesias e incordiar a las abuelitas que están en la calle tomando el sol, entre otras. No, las tradiciones se tienen que conservar si así convienen al bien común y son relajantes, pacíficas y de buen gusto. Nunca maltratar a nadie puede ser de buen gusto.

Y hablando de tradiciones vamos a dar un paso más. ¿Cómo es posible que en el s.XXI, con la concienciación laica que hay en toda Europa, todavía consideremos tradición que todas las festividades, las onomásticas, los calendarios, los titulares de las fiestas de pueblos y ciudades, calles, centros escolares, centros agrarios y cooperativos, sanitarios, patronas de los ejércitos, todo, absolutamente todo, gire en torno a la tradición católica o cristiana? ¿Cómo no cambiar este estatus, ya? ¿Cómo no cambiar el callejero? ¿Y  por qué no el calendario? ¿Si en su momento fue posible un cambio del calendario juliano al gregoriano por qué no un simple cambio onomástico que sería fundamental para dotar al tiempo de laicismo e incorporar santos laicos? ¿Por qué no estructurar y organizar las fiestas, en general, en torno al ayuntamiento y no de la iglesia, que sólo representa a unos cuantos? Pensémoslo detenidamente. Sin pasión ni acritud. Sin fanatismo religioso, sin ese es que siempre ha sido así. No. Simplemente digámonos por qué. Por qué no se puede revertir esta situación. Y más cuando la profesión de católico, en España por poner un ejemplo, en estos momentos es más nominal que real, pese a quien pese.

¿Se puede entender que por tradición se ofrezca la copa de un campeón deportivo a la virgen de turno? ¿Y la virgen del perdedor qué? ¿Se encabrona con la del ganador? Qué estupidez de tradición. Como la de nombrar capitana general a la patrona de Granada o fajín con distinción de primera clase a la Virgen del Pilar. ¡En el siglo XXI!

___________________________________

En la gacetilla de mañana hablaremos de HASTA EN LA SOPA.

Anuncios