@ellibelaresc

Hay que ver cómo se ha puesto don Tancredo cuando le ha visto las orejas al lobo. De presidente silente que ha ofrecido sus ruedas de prensa a través de un plasma, o no ha ofrecido nada, a presidente candidato omnipresente. Lejos están los tiempos del plasma, de las furibundas carreras por los pasillos del Congreso en vertiginosa huida de los periodistas, de las escuetas ruedas de Prensa, de las mínimas apariciones en público, del gesto agrio y la respuesta irónica o afilada como un bisturí porque los recortes, el desempleo, Bárcenas… no estaban los tiempos para alegres exhibiciones. Ni para hacer amigos, algo impensable.

Desde el punto de vista mediático hemos visto a un Rajoy que no ha parado en sus vacaciones. Se ha bañado en una poza, ha triscado por los cerros, ha abrazado criaturitas, ha padecido selfis con paisanos, se ha hecho fotos estivales, ha desayunado en la terraza de la plaza del pueblo, paseos agrestes, zapatillas de siete leguas y el chándal. De Doñana a Galicia, de Mallorca a Madrid. Ha descansado lo justo. Y, además, ha dispensado siete apariciones en los medios. El Rajoy que siempre huía de la prensa ahora nos sale con  ´¿Pero ya no tenéis más preguntas?´ a los reporteros en el pasillo del Congreso. Habló incluso de la abuela de Fuerteventura. Menos telefonear a Sálvame, hizo de todo. Rajoy ha cambiado.

Tras el desastre de las autonómicas, don Mariano decidió dar un paso al frente de cara a las elecciones generales. Sus elecciones. La apuesta del todo o nada. La clave de su futuro. Se puso al frente del partido, es decir, de lo que queda de un maltrecho y desolado PP; designó a Jorge Moragas para reinstaurar algún orden entre Génova y Moncloa, misión imposible, y reclutó a cuatro jóvenes, Casado, Maroto, Maíllo y Levy, con aspiraciones para ´brujulear´ por las televisiones. También hizo un acto de fe porque tuvo que cambiar su traje de presidente antipático y circunspecto por el de candidato infatigable y accesible que se ha transformado en el protagonista principal, asesor incuestionable y director indiscutible de su propia campaña. La de las generales de diciembre. El viejo PP, al rincón. Fabra, Bauzá, Barberá, la propia Cospedal y hasta Aguirre, han pasado a ocupar un papel secundario. Apenas ha retocado el Gobierno. Wert y gracias. Y, al frente, Rajoy.

Es su campaña. Son sus elecciones. Y quiere ganarlas. Lo dice en cada intervención. ´Necesitamos una victoria muy clara´ (como la de Cataluña). Lo sabe su gente, que corretea a su rueda con desigual empeño. Los sondeos, dicen sus medios, empiezan a resultarle favorables. Hasta bendicen su elección de Albiol para Cataluña (ya hemos visto el acierto). El adusto, hostil y grisáceo Rajoy parece haberse reencarnado en el candidato bromista, sibilante y sonriente que es ahora. Amable y dicharachero. Hasta alguno de los propios juzgan que el cambio llega demasiado tarde. Pero había que intentarlo.

Y entre tanto ha visto cómo ´su ´ PP  hacía el ridículo en Cataluña. Al día siguiente de estas elecciones lo vimos por televisión. Tan eufórico como siempre. Daba la impresión, tal era su entusiasmo, de haber ganado por goleada a los secesionistas. Otra vez, será, don Mariano. Pero por mi parte cuando necesito verle con las orejas bajadas y en Santa Pola es la noche de las generales, cuando no saldrá al balcón de Génova…porque la tradición del PP así lo impone. ¡Qué ganas tengo de no verle ni la sombra!

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En la gacetilla de mañana hablaremos de LOS BORBONES A LOS TIBURONES.

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