@ellibelaresc

El 9 de octubre debería ser la fiesta de todos los valencianos, pero los que somos de esta tierra sabemos que eso no es así. La derecha cavernícola se ha empeñado, desde hace muchos años, en dividir la sociedad valenciana en torno a esta fecha, y lo ha conseguido. Muchos años de poder y muchas imposiciones al estilo fascista, y así no se puede progresar.

Uno de los actos más solemnes del día es el descenso de la señera desde el balcón del ayuntamiento y una procesión de la misma por algunas calles de la ciudad. Rita Barberá se empeñó en darle a esta procesión un carácter religioso, y el nuevo ayuntamiento de Valencia está en lo que debe de estar, en quitarle protagonismo a un acto que es cívico, no católico. Por eso el nuevo alcalde, Joan Ribó, ha reivindicado el carácter civil del 9 de octubre y ha anunciado al arzobispo de la ciudad, Antonio Cañizares, que la señera no entrará en la catedral para el Tedeum de acción de gracias.  Los populares, que han impuesto durante sus 24 años de gobierno el ceremonial, han protestado y en una moción en el Ayuntamiento, que han perdido, piden ´ que recoja el sentimiento del pueblo valenciano´ (justamente lo que ellos no han hecho en tantísimos años). El grupo popular también pide que ´el Ayuntamiento de Valencia respete las costumbres que son esencia de las señas de identidad valencianas y que mantenga tanto el protocolo de bajada de la Reial Senyera desde el balcón principal del consistorio (con el Himno Nacional) como el itinerario íntegro, incluido el Te Deum, de la Procesión Cívica del 9 de octubre´. ¡Qué cara! El sentimiento del pueblo valenciano.

El Círculo Cívico Valenciano está recogiendo firmas para que la Real Senyera entre en la catedral de Valencia el 9 de Octubre, cosa que, saben, no va a ocurrir. En su lugar, la asociación de cultura valenciana Lo Rat Penat hará el Te Deum a las 11 de la mañana del 9 de octubre.

¿Siempre la señera ha ido a misa el 9 de octubre? Los ultras y el PP defienden que sí, ´porque es parte de la celebración del 9 d’Octubre, y no podemos olvidar que el origen está en la llegada a Valencia del rey Jaume I, en 1238, con la consagración de la mezquita para convertirla en catedral´. Pero olvidan que la procesión tiene sus orígenes en 1922. Tras unos años sin celebrarse, en 1928 el marqués de Sotelo, alcalde de la Dictadura primorriverista, mandó confeccionar una nueva Señera y organizó unas celebraciones fastuosas para ensalzarla, incluido un Te Deum en la catedral. En 1934 se suspendió la fiesta, que se recuperó en 1939, ´Año de la Victoria´, con una fiesta solemne, incluido Te Deum, en la que, además de la Señera, salió a la calle el ´Penó de la Conquesta´ y la espada del monarca. Nuevo bache. La fiesta se reanudó en 1943, y como no podía ser de otra manera tomó un modelo muy militarizado, ultracatólico también, propio del franquismo. Pero el 9 de octubre, hay que reconocerlo, languidecía, y el alcalde Rincón de Arellano  trasladó la fiesta a domingo para que hubiera algo más de público en el Parterre. Con el alcalde Miguel Ramón Izquierdo se recobró un poco la fiesta. Los socialistas, entre los años 1979 y 1990, quitaron el Te Deum catedralicio y Rita Barberá lo volvió a recuperar en 1991 y hasta 2015, coincidiendo con  el fin de sus días políticos. El alcalde Ribó y su gobierno han optado porque la procesión finalice a las puertas de la catedral. Quien quiera, tanto concejales como ciudadanos, podrá entrar en el templo, pero será a título personal y sin poder contar con el símbolo de la Real Señera, que ya no presidirá el acto.

Reflexión final: Ya sabemos que las posiciones que enfrentan a los políticos son inamovibles y viscerales, pero no tendría que ser así en buena lógica, si la tuvieran. ¿No es cierto que todos somos ciudadanos valencianos, pero no todos somos católicos? Hagamos un sencillo silogismo: la condición de ciudadano es general, la condición de creyente religioso es particular. Todos los católicos son ciudadanos; sólo algunos ciudadanos son católicos. Luego está claro: el Te Deum para quien lo quiera consumir. Pero esa mayoría minoritaria PePera y ratpenatera no puede imponer sus creencias religiosas a la totalidad de la ciudadanía. El PP y algunos de sus satélites ideológicos cuando miran hacia atrás son un poco cortos de vistas y encuentran los orígenes de las cosas justo detrás de sus espaldas, en el día y la hora en que a Rita Barberá se le ocurrió que la bandera cívica de todos entrara en la catedral para darle gracias a la cruz religiosa de algunos. Aquella decisión supuso una ruptura con la tradición democrática (que es la que cuenta o donde empieza la cuenta: la otra es otra cosa) y el ayuntamiento de Joan Ribó retoma esa tradición que nunca debimos abandonar. ¿Por qué algunos se empeñan en complicar algo tan sencillo?

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En la gacetilla de mañana hablaremos de HOY, 9 DE OCTUBRE.

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