@ellibelaresc

El 12 de octubre, con pompas militares, se ha celebrado la Fiesta Nacional que pretende ser de las ´Españas´, pero no lo es. A mí me da la impresión de que es más un ´fiesta´ oficial del ejército y de ciertos políticos (¡Ah, y también de la monarquía!) que realmente un fiesta sentida por el pueblo que, creo, pasa del tema bastante olímpicamente.

La pregunta que debemos hacernos es qué es lo que ha ocurrido en las Españas para que sea tan difícil tener una cierta idea ´nacional´ de lo español. ¿Por qué los españoles no sentimos la llamada Fiesta Nacional? ¿Por qué lo español no une sino que divide? Unos ejemplos: el 14 de julio es la fiesta nacional de los franceses. Ese día todos los franceses, sean comunistas, ultracomunistas, socialistas, conservadores y ultraconservadores celebran la toma de la Bastilla y cantan La Marsellesa con arrobo. ¡Qué decir de fastos similares en el Reino Unido! Alemania, pese al nazismo reciente, también hace lo propio con sus símbolos y sus fechas señaladas. Pero España no ¿por qué?

Yo creo que una respuesta evidente es la de la Guerra Civil y su nefasta y cruel posguerra. La dictadura que los españoles sufrimos durante cuarenta años se apropió exageradamente del concepto de España y de sus símbolos y con ello generó la división de las dos Españas, la buena y la roja. Pero hay más: ya desde la transición y hasta nuestros días hay espinas que todavía duelen mucho y que los políticos no han querido o sabido extirpar. Al contrario, las han metido por narices en el engranaje social del Estado y ese ha sido el gran error. La gente quiere decidir y la democracia es eso: participación. Hay símbolos que los políticos han consensuado, pero que no han decidido los ciudadanos, y así no podemos cerrar heridas.

Pero bajemos un poco más a la realidad diaria. En el Día de la Hispanidad muchos son los que gritan ¡Viva España!, pero ¿qué España? ¿Cuál es esa España que tanto vitorean algunos? ¿La de la corrupción consentida y ocultada por quienes más presumen de demócratas? ¿La de la pobreza crónica? ¿La de más de un tercio de los niños pasando hambre? ¿La del éxodo de jóvenes convertidos en migrantes para poder sobrevivir? ¿La de los más de 4 millones de parados? ¿La de ese pueblo solidario que ni siquiera es capaz de salir a la calle en masa, por millones, cuando su Gobierno legisla violando las libertades civiles más esenciales? ¿La España que ni siquiera es capaz de penalizar en las urnas cada cuatro años a quienes llevan saqueando el país durante décadas?

Para comprobar lo que estaba escribiendo en el día de la Hispanidad he encendido el televisor para ver, rey y esposa incluidos, el palco de autoridades del desfile de las Fuerzas Armadas. Lo que he visto me ha llenado de desazón porque he descubierto allí al puñado de personas que, precisamente, nos dan motivos para, hoy más que nunca, no gritar ¡Viva España!, tanto por ellos en sí mismos como por nosotros, que con nuestros votos y nuestra connivencia les hemos puesto ahí.

Y aparte de esa desazón también gritaré ¡viva España! Cuando nos permitan decir qué bandera queremos y si queremos una monarquía o una república. Igualmente es imprescindible que en materia de libertades, y sobre todo de conciencias, el Estado sea verdaderamente aconfesional y laico, moderno y respetuoso. Sería muy conveniente que el Estado pidiera públicamente perdón por la guerra civil y su represión posterior. Yo, así, sí que olvidaría. Tampoco sería una barrabasada pedir un nuevo himno nacional, con letra moderna y comprometida, que rompiera con lo anterior y creara un auténtico fervor nacional. A mí, personalmente, y es un caso entre los miles que hay, cuando escucho el himno, si puedo, me escabullo. Me recuerda demasiado lo que se vivió en mi casa y familia en la posguerra. Así no se puede olvidar ¿Tan complicado seria el borrón y cuenta nueva? Imposible. Son pocos pero cuando cogen la calle dan pavor. Y así, uno no se puede reconciliar. Ellos están muy cómodos con su violencia. Pero ante la barbarie somos muchos los que queremos una España que se construya con el pueblo y no a costa del pueblo, una España cuyos artífices no sean los herederos del régimen anterior ansiosos por seguir esquilmando a un pueblo y su nación.

En la gacetilla de mañana hablaremos de PROMESAS VANAS.

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