@ellibelaresc

En una gacetilla publicada hace unos días (Si acaso, reflexión) nos proponíamos hacer una evaluación del sentir que los españoles tienen sobre la llamada Fiesta Nacional del 12 de octubre. Hoy queremos hacer nuevas puntualizaciones.

Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, puntualizó a través de su cuenta de Twitter que tenía que sentirse vergüenza de un Estado como el español que celebraba un genocidio el 12 de octubre, criticando a la vez que se añadiera insulto a la vergüenza con la celebración de un desfile militar que le costó al ciudadano de a pie nada menos que 800.000 euros.

Tal declaración ´bárbara´ no podía quedar impune, sin respuesta, por parte de un Partido Popular que en este país es el máximo defensor de la patria y de su unidad, que garantiza el Ejército español. Y así, en ´Los desayunos de TVE´, el ínclito ministro del Interior calificó las declaraciones de Colau como una ´barbaridad´, un ´indigenismo cultural´ y una ´falta de respeto´ hacia millones de españoles (¿?) que se sienten muy identificados con el hecho de que el 12 de octubre sea la Fiesta Nacional.

Lástima que el señor Montoro solo tuviera ´palabras´ para Aznar, Moratinos y demás, porque de haberse percatado le hubiera increpado al ministro su enorme ignorancia histórica y su falta de sensibilidad hacia lo que históricamente ha significado tal fecha y fiesta en España. Que ahora la llaman así y en otros tiempos no tan lejanos era El día de la Raza, que conmemoraba el descubrimiento de América por Colón, en 1492; la conquista, caracterizada por una enorme crueldad, y la eliminación de las razas indígenas que vivían en aquel continente y que fueron diezmadas por las tropas ocupantes. De ahí deriva que esta fiesta siempre haya ido acompañada de un desfile militar (antes presidido por el Dictador, y ahora por su sucesor borbón), subrayando su vocación y recuerdo imperialista. La espada (como siempre ha ocurrido en las hazañas del Ejército español) iba siempre acompañada de la cruz evangelizadora, que intentaba la sumisión obligatoria de los nativos al nuevo orden establecido, reproducido por represión, y también por conversión y comunión.

Además, el desfile está presidido por una bandera y un himno que no unifican ni representan a todos los españoles. ¿Por qué no es posible la reconciliación?  Jefatura de Estado, bandera e himno fueron semiconsensuados en una Transición que tenía como urgencia principal deshacerse de la dictadura, por eso se votó una constitución en su globalidad, en la que había temas muy conflictivos que exigían otro tratamiento. Ahora es posible, solo falta que los grandes partidos dejen de pensar en los votos y se pongan a trabajar en lo que realmente quiere la población: decidir sobre la Jefatura del Estado y sus símbolos y alcanzar una auténtica democracia y justicia social en la que los distintos pueblos y naciones de España se unan (si así lo desean) por voluntad y no por la fuerza.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de EL CALENTÓN DE MONTORO.

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