@ellibelaresc

Hace unos días hablábamos del despropósito del Ministerio de Educación con la implantación de un curso de 2000 horas sobre tauromaquia. Uno más de tantos disparates del Partido Popular.

Pero lo cierto es que si lo pensamos bien, así, a lo tonto y sin pensarlo mucho, como ellos hacen las cosas, es posible que con la implantación de este curso el gobierno acabe de una vez con la lacra del maltrato animal en España. ¿Cómo? Mediante el sencillo método de incluirlo en el programa de estudios. Seguramente no haya forma más segura de condenar la tauromaquia a la ruina y al ostracismo que hacerla obligatoria, establecer seminarios, tesis doctorales, conferencias y premios. Pronto, junto al título de matarife, el ministerio de Educación no tardará en ofrecer cursillos de apedrear gatos y de ahorcar galgos (de ahí a promover un máster para maridos homicidas y curas pederastas no hay más que un paso). Poco a poco, a fuerza de exámenes, deberes y ejercicios de recuperación, lograrán que la muy antigua tradición de masacrar señoras, niños y mamíferos se extinga por pura desidia, del mismo modo que ha ocurrido con el oficio de electricista y con el de fontanero.

Por todo ello no debemos sorprendernos de si Aristóteles sale de las aulas para dejar sitio al Cossío. Se va Hegel y entra El Gallo. Abajo la metafísica, la ética y la fenomenología. Arriba las banderillas, el estoque y el tercio de varas. Total, no había otra forma de rematar una legislatura que empezó con mantillas y peinetas. Al próximo ministro de Educación lo sacamos a hombros.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de EDUCACIÓN PREMIA LA TAUROMAQUIA.

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