@ellibelaresc

Escribía en una ocasión, en este blog, que más que silbar a España o a su himno (sobre todo en el fútbol) se silba una forma de pertenecer a este país. No solo por la monarquía, que también. No solo por el himno, que es horrible. No  solo por la bandera, que además. Es por todo. Si España fuera de otra manera, nadie tendría este ´asco´ de ser español. Es una cuestión política, de eso que nunca  hablamos.

En un acto en la sede del PSOE, Pedro Sánchez justificó la enorme bandera española que ocupaba todo el fondo del escenario en que había que normalizar su uso. Se equivoca. Para normalizar el uso de la bandera hace falta mucho más que sacarla a lo grande en un mitin. Porque me reconoceréis que, fuera del ámbito deportivo e institucional, de normalización nada de nada. Salvo para los que la normalizaron ya en la primera hora de la Transición, porque la traían ya normalizada del tiempo anterior. Por algo será que el PSOE no la ha sacado en sus mítines en cuarenta años. Muy normalizada no la tendría. Sí, somos muchos los españoles que seguimos pensando que menear esta bandera fuera del estadio es algo facha. Y al menos a mí, nunca me ha importado que la derecha se apropiase de los símbolos nacionales, eso que tanto preocupa a algunos. De verdad que no.

La Transición no resolvió el asunto de los símbolos –himno, bandera y forma de Estado– destinados a representar la unidad de los españoles. Como en otras materias, aquel pacto, derivado de una determinada correlación de fuerzas, produjo una solución que ha sido útil durante unas décadas, pero que nunca ha llegado a cerrar de modo definitivo el debate primario. Somos muchos los españoles que no nos sentimos identificados ni representados con la rojigualda, el himno y la monarquía. El amor a unos símbolos no puede imponerse por decreto. Los símbolos, tan importantes en ciertos comportamientos, no se han consensuado ni votado. Tampoco la Jefatura del Estado. Y así no se puede seguir. Hace falta que un partido político con voluntad de hacer Estado tome este toro por los cuernos y le ponga sentido común. Se hace imprescindible un referéndum, digan lo que digan PP y PSOE. Solo falta que los grandes partidos dejen de pensar en los votos y se pongan a trabajar en lo que realmente quiere la población: decidir sobre los símbolos del Estado y alcanzar una auténtica democracia y justicia social en la que los distintos pueblos y naciones de España se unan (si así lo desean) por voluntad y no por la fuerza. Es imprescindible modificar la parte de la Constitución que se redactó con miedo.

Todo este largo preámbulo viene a propósito del sentimiento nacional con que los franceses están llevando el terrible atentado del 13-M en París. Ya lo hemos visto por la televisión: todos los franceses, sean comunistas, , socialistas, conservadores y ultras de cualquier tendencia se unen con un mismo arrobo y cantan La Marsellesa, su himno nacional. El himno que les une y los identifica. Esa Marsellesa que sigue siendo la mejor expresión contra el totalitarismo, el mejor ungüento contra la barbarie, el mejor antídoto contra quienes nos quieren poner de rodillas. Siempre se ha escuchado cuando había injusticias que acallar y tiranos que derribar. No es un himno, es una forma de entender la libertad, la vida. Y por ello mismo, por su capacidad para desencadenar en cualquier instante la rabia colectiva, no ha dejado de conmovernos todas y cada una de las veces que la hemos oído y sentido en estos días de pesadumbre.

Es impensable en España que se desaloje un estadio de fútbol por amenaza terrorista y que la gente lo abandone ´lololeando´ el himno nacional. Ha ocurrido estos días en Francia y los actores eran los espectadores de partido de fútbol Francia-Alemania. Estas personas habían escuchado explosiones y visto al presidente Hollande abandonar el recinto. Sabían que fuera se estaba desatando el infierno, que sus vidas y las de los suyos corrían peligro, pero decidieron salir cantando, y no cualquier cosa, sino el himno apasionado que anima a la sociedad a marchar sobre el enemigo. Sí, tiene que ser maravilloso llenarse los pulmones con un himno que sientes como propio.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de LA BANDERA.

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