@ellibelaresc

Leía hace unos días un artículo del periodista Benjamín Prado en el que afirmaba, no sin cierta ironía, que si el día 20 de diciembre el Partido Popular no gana las elecciones, quien llegue a la Moncloa tendrá que cantarle al revés el Que te vaya bonito de José Alfredo Jiménez: ´cuántas luces dejaste apagadas, yo no sé cómo voy a encenderlas´. Porque en estos cuatro años, el Gobierno le ha quitado tantas bombillas a la lámpara que ahora mismo, cuando los discursos deberían estar llenos de promesas, solo están llenos de negaciones, y ya casi nadie le pregunta a sus adversarios qué harán si vencen, sino qué desharían: prometo invalidar la reforma laboral que ha convertido el trabajo en otro modo de no poder ganarse la vida; derogaré la ley de seguridad ciudadana cuyo único fin es cambiarle a la Justicia la venda por una mordaza; vamos a frenar las privatizaciones bajo cuerda de la Sanidad y la Educación públicas; aquí se va a acabar la dictadura de los bancos y el Ibex 35…

Hablan en singular, pero saben que será muy difícil que todo eso pueda llevarlo a cabo una sola formación, porque en esta legislatura se ha tirado de tijera con tanta prepotencia y tan poco sentido del diálogo que gran parte de los españoles nos hemos puesto de acuerdo en que para salir del túnel y poner orden es necesario que las cosas estén menos claras y más revueltas; que pasen a la historia el bipartidismo, las mayorías absolutas y la administración por decreto. La paradoja de nuestro sistema es que cuantos más votos recibe un partido, menos democrático es su comportamiento. La corrupción absoluta, corrompe absolutamente al poder. Unos cobran comisiones a cambio de adjudicar contratos a tramas mafiosas y se llevan el botín a paraísos fiscales; los Jordi Pujol e hijos de este mundo nos enseñan con una mano la bandera, como si fuese el capote de un torero, y con la otra vacían la caja fuerte de la patria; y otras, como Esperanza Aguirre, hacen que la Comunidad de Madrid le pague los recibos de luz de su vivienda particular durante diez años, mientras fue presidenta y, eso sí, a la vez que daba lecciones de transparencia y mandaba poner en sus atriles un cartel con la leyenda ´comprometidos con los que lo necesitan´. Las compañías eléctricas le cortan cada año el suministro de electricidad a más de un millón de familias que no tienen dinero para pagarla. Lo contrario del esplendor es la oscuridad.

Desde el día siguiente de su victoria en las urnas, los conservadores se han dedicado a tirar piedras contra su techo electoral, porque sus recortes han perjudicado, entre otros, a casi todos; es decir, también a muchos que confiaron en su programa y han visto que era papel mojado. Y ya se sabe que no hay peor decepción que la que uno sufre en sus propios carnes. Esta vez han ido demasiado lejos y ahora no saben por dónde volver, van a la deriva y dan vueltas en una montaña rusa, a cuestas de las encuestas, mientras dudan muy seriamente si en esta ocasión les va a alcanzar con las siglas, que más que un aval son un lastre, y hasta qué punto va a funcionar el característico mensaje del miedo, ahora que hemos caído en la cuenta de que lo que hace insalvable un obstáculo es el temor a saltar.

En la España de hoy, la unidad de medida es el doble rasero; por eso aquí la desigualdad ha crecido durante la crisis más que en ningún otro lugar de Europa. Mires donde mires, te encuentras con la ley del embudo. La Audiencia Nacional sentará en el banquillo a una concejal alicantina que insultó al exrey, pero no parece que vaya a investigar si él se quedó con veintiún millones que le dio Arabia Saudí para el Estado y que según se ha publicado acabaron en varias cuentas de las Islas del Canal, Suiza y las Bermudas a su nombre y el de su amiga Corinna zu Sayn-Wittgenstein. El Consejo de Ministros cesa por las malas y para que se vea quién manda aquí, puesto que él había ya dimitido, al antiguo jefe del Estado Mayor, el general Julio Rodríguez, para castigarlo por irse a Podemos y acusándolo de ´falta de idoneidad´; pero mantiene al frente de Defensa a alguien que se ha dedicado a repartir dinero oficial entre las empresas de armas de las que antes cobraba como asesor. Las puertas giratorias no se pueden cerrar de un portazo, así que habría que desmontarlas, cosa nada fácil.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de EL REGISTRADOR DE LA PROPIEDAD.

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