@ellibelaresc

Mientras su inmenso poder y su inmensa corrupción no salían del armario los del PP se lo estaban pasando en grande. Mayorías absolutas en casi todas las circunscripciones. Todo controlado y todo pasado por el rodillo. A partir de las pasadas elecciones autonómicas y municipales los asuntos han empezado a torcérseles y ellos, inmediatamente, han reaccionado y están pidiendo que las cosas discurran a su favor. Por lo visto en las generales del pasado domingo no consiguen mayorías aplastantes pero sí relativas, y con esta excusa se sacan de la montera que debe gobernar la lista más votada, como si cuatro no fueran más que tres.

Todos sabemos ya el resultado de las elecciones del pasado 20D. El PP, solo, no puede ir a ninguna parte. Esgrime en su favor que es la lista más votada y que por ello debe gobernar. No entiendo de qué chistera se saca esta convicción, como si los pactos no fueran democráticos, como si los pactos para echarle del poder no fueran una necesidad imperiosa y trascendente. Berrea él y su pandilla cuando las cosas no salen según lo previsto. Nada dijo Rajoy de cambiar las reglas del juego cuando, en 2011, se benefició de ellas al obtener una cómoda mayoría absoluta de escaños en el Congreso con sólo el 44% de los votos.

¿Se presupone que el partido más votado, pero en minoría, es el que ha ganado unas elecciones? Sí, pero no, y para ello me remito a la primera vuelta de las elecciones regionales francesas en la que el fascista Frente Nacional de Le Pen ganó con una minoría simple (el 28% de los sufragios). Vistos y analizados los resultados saltaron las alarmas. Las cosas se complicaron. Parecía muy real la posibilidad de que la formación ultraderechista y xenófoba se hiciera con el gobierno de varias regiones francesas con millones de habitantes. El miedo cundió en todos los partidos tradicionales, que se movilizaron para ilusionar a los desencantados, evitar la catástrofe y provocar, por lo menos, que los afiliados y simpatizantes votaran en una segunda vuelta, aunque fuera con la pinza en la nariz, a los partidos de Sarkozy y de Hollande para derrotar a quien consideran que persigue dinamitar las bases morales del arraigado modelo de convivencia francés.

Con esta reacción de los partidos tradicionales franceses se ha conseguido parar los pies al FN. Pero vayamos a lo nuestro: si en estos comicios hubiera regido el criterio tan defendido por Mariano Rajoy de que debe gobernar la lista más votada, hoy habría 6 de 13 regiones francesas con administraciones del Frente Nacional –aquellas en las que contó con más apoyo en la primera vuelta-, lo que le habría dado por vez primera una sólida base de poder y una presencia en las instituciones que propulsaría las posibilidades de Marine Le Pen de llegar algún día a la presidencia de la república. ¿Lo entiendes Mariano? Yo creo que sí, aunque defenderás que no porque no te conviene.

No estaría mal que Rajoy dijera claramente si lo que defiende para España  –con una falta de concreción que deja muchas dudas en el aire- lo defiende también para Francia donde, en el caso de las regionales, hay segunda vuelta excepto en el caso de que una lista obtenga mayoría absoluta en la primera.

Según don Mariano, más allá de lo que estipula hoy la ley, lo más lógico y natural desde el punto de vista democrático sería que gobernase ´quien ganase la elecciones´, o sea, él, el partido más votado. Eso deslegitimaría que dos o más partidos ´perdedores´ pudieran unirse nunca contra el que ha quedado en primer lugar. Es cierto que no ha ocurrido nunca en democracia tras unos comicios legislativos, pero eso no implica que no pueda ocurrir ahora, sin que suponga una perversión del sistema. Se impone una reforma profunda de la ley electoral. Una reforma que trate a todos los ciudadanos por igual, en la que un voto de un ciudadano de valencia valga lo mismo que uno de Teruel, por poner un ejemplo.

Con la misma vara de medir que esgrime Rajoy, no debería haberse constituido una coalición de izquierdas en Portugal, que su correligionario, el presidente Cavaco Silva, se empeñó en impedir con una energía digna de mejor causa. Y, en la misma línea, Sarkozy y Hollande deberían haber asistido impasibles al triunfo de Le Pen, en lugar de sumar fuerzas frente al enemigo común. Toma nota, Rajoy, que no vas a ser presidente.

En la gacetilla de mañana hablaremos de EL LAICISMO ES FUNDAMENTALISMO.

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