@ellibelaresc

Que me lo cuenten como quieran, que me lo prediquen como les dé la gana, que recurran a la Biblia, la Tradición o el sursum corda ( que no utilizo en el sentido eclesiástico de ´levantemos los corazones´ sino en el sentido de personaje al que se atribuye gran importancia y autoridad: ´de aquí no la levanta nadie, ni que venga el sursum corda´). Es increíble que crea el ladrón que todos son de su condición. Es alucinante la declaración de los obispos españoles que equiparan los peligros del laicismo con los del fundamentalismo, y que tanto el uno como el otro son dos de los grandes peligros para la paz. Impresionante. ¿Han evaluado estos próceres los peligros que para la institución católica suponen, por poner un ejemplo, los monseñores Rouco, Reig Pla y Munilla? ¿Qué calificativos les asignaremos a estos monseñores, la flor y nata de la caverna espiritual española? ¿Analizan en la Conferencia Episcopal dónde colocar las enseñanzas que estos monseñores deben transmitir a sus fieles de acuerdo con su jefe espiritual, el papa Jorge?

Cierto, por lo que se ve, que no les interesa a estos obispos de la España de las tinieblas el concepto y la realidad de lo que es el laicismo. ¿Sabrán estos monseñores qué es el laicismo, cuál es su filosofía, cuál su doctrina de libertad? Claro que lo saben, y es todo lo contrario de lo que ellos predican. El laicismo predica el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de expresión. Lo de ellos es un indecente confesionalismo que contagia y ennegrece el panorama español. Tan es así que llevamos años escuchando verdaderos disparates supersticiosos e irracionales, ni propios de niños de preescolar, de boca de los mismísimos gobernantes de la derecha, tan pía ella, que sostienen a esos energúmenos de la religión; disparates como encomendarse a los santos para salir de la crisis que ellos mismos han generado, o como destruir el empleo y pedir a la virgen que nos saque de él; o como recomendar a los parados la oración para paliar el estrés que les produce; o como transformar el BOE en una encíclica. Todo ello, por supuesto, ya sabemos, mientras algunas fortunas personales, las arcas de la Iglesia y el saldo de diversas cuentas de Suiza y otros paraísos fiscales crecen descaradamente.

No es ningún descubrimiento el hecho evidente de que allí donde se instala la religión se expande el nepotismo y la corrupción, se imposibilita la democracia, se impone la irracionalidad y la superstición, se extiende el fanatismo y la intolerancia, se promulga la incultura y la cerrazón a la hora de percibir el mundo, se detiene el progreso, se coartan las libertades, se frenan los derechos humanos, se anula el librepensamiento, se venera el oscurantismo y la sinrazón, y, atendiendo a lo más prosaico, se vacían con primor las arcas públicas; y privadas, de los que se dejen.

España tiene que ser laica, y a los dubitativos les diré que el laicismo no ataca ni desprecia a ninguna religión, ni a ninguna creencia, sea la que fuere. El laicismo exige, al contrario, el respeto a la libertad de pensamiento y de creencia o increencia. Y exige la asepsia confesional del Estado, en tanto que está obligado, como un espacio público, a atender en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos, piensen como piensen y crean en lo que crean, en el dios cristiano, en el dios protestante, en Buda, en el becerro de oro o en un burro verde que vuela. Las creencias personales son un asunto privado, el más privado de todos.

Este es el laicismo que imprime libertad. Y ante perspectiva tan positiva el clero se rebela porque se le hunde el chiringuito. Argumentan que el laicismo es radical. Pues sí, hay que ser radical defendiendo los derechos humanos, repudiando el crimen, la misoginia, la crueldad y la tortura, contra humanos o contra animales, dando espacio a la tolerancia, a la cultura, a la igualdad esencial de todos los seres que existen. Esta ideología es imposible encajarla en la llamada iglesia católica ya que la laicidad descansa en tres pilares: la libertad  de conciencia, la igualdad de derechos y la universalidad de la acción pública. Ninguno de los tres pilares son posibles en la secta.

De acuerdo con lo dicho se entiende que a la conferencia Episcopal le convenga transmitir a sus fieles que el laicismo y el fundamentalismo son lo mismo. Una vergüenza, pero más para los que les creen. ¿No es fundamentalismo permitir que en toda España se hayan celebrado en sus iglesias más de 20 misas-mítines por el eterno y merecido descanso de Franco, el dictador, olvidando que fue el máximo responsable de ajusticiamientos, asesinatos y desapariciones forzosas en sus cuarenta años de paz?

En la gacetilla de mañana hablaremos de PETICIÓN AL NUEVO GOBIERNO.

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