@ellibelaresc

No vi ni escuché en la llamada nochebuena el discurso del ciudadano Felipe. No tenía ningún interés para mí. Seguro que iba a decir lo mismo de lo mismo que ya decía su padre: que seamos buenos y no rompamos España. La novedad estaba en su corbata. En fin, irrelevante. Pero para escribir esta gacetilla me lo tuve que ver y escuchar el día de Navidad, y por si alguien no lo vio en su momento le dejo el enlace  https://youtu.be/PtVm83f2vmk   para que disfrute de la alta política, sobre todo de la del desquiciado PP que inspiró el alegato.

Estoy de acuerdo con Podemos e IU en que el discurso no estuvo a la altura de la circunstancias, que en él hubo mucha puesta en escena y poca mención a los problemas reales de la gente. Dieciséis referencias a la unidad de España y una sola mención a lo que realmente está desuniendo nuestra sociedad, que es el paro, la desigualdad y la corrupción. También estoy de acuerdo con Gabriel Rufián, de ERC, cuando declara que ´ayer se produjo una imagen indecente del rey dando lecciones de democracia en el salón de un palacio más grande que la mayoría de las casas de las personas que dice representar´. Y con Garzón, que ha asegurado que con el discurso ´el ciudadano Felipe de Borbón´ dejó claro que ´no pisa el suelo de la mayoría social´ porque no habla de los problemas que tienen los ciudadanos y su puesta en escena resulta anacrónica y pomposa. (Cospedal piensa lo contrario, que ´una vez más pudimos comprobar cómo es un monarca que conoce perfectamente a su país y los anhelos y retos que tienen los españoles y nuestra nación´). De las opiniones del PSOE y C´s  mejor pasar.

Hablemos también de la puesta en escena:  fue un error que Felipe VI plantara el sillón en medio del inmenso Salón del Trono, la estancia más lujosa del Palacio Real, y leyera desde allí su discurso. Por lo visto, pensó que el momento político exigía solemnidad, cuando lo que requiere el momento es sensatez, prudencia y un cierto ambiente de normalidad en la institución que, pese a la irrelevancia práctica de sus funciones, ocupa, lamentablemente, la cúspide del andamiaje constitucional español.

Echo en falta en un discurso tan aséptico y previsible una llamada a los políticos, empezando por él, para que lleven a cabo políticas que solucionen la desigualdad, la injusticia social y la pobreza de muchísimos españoles.

Quise, y no pude, escucharle una llamada de atención que hiciera hincapié en la necesidad de devolver a España a todos los que un día tuvieron que irse, que quizás pasen estas fiestas lejos de los suyos, sencillamente, porque los gobernantes no estuvieron a la altura, porque quienes tenemos autoridad los echamos. Traigamos de vuelta a España a los que, aun estando en el país, se nos van, y no hablo del pueblo catalán, a quien corresponde expresar libremente hacia dónde quiere encaminarse, sino de los que se nos van por la pobreza energética, porque aun trabajando no salen de la miseria, a los que se han quedado sin Sanidad pública por los recortes, a los que los bancos de alimentos y no el Estado salvan la vida día a día.

Hubiera sido una noticia estupenda  haberle oído entre tanto lujo escénico que nuestra guía ya no puede ser por más tiempo la Constitución de 1978, y que 2016 debería ser el año del inicio de un proyecto constituyente que dé cabida a todos los que en él quieran estar, un proceso inclusivo y participativo en el que todos remen a una.

Y ya no os digo más si para finalizar el discurso se hubiera atrevido a lo siguiente: También quiero pedir perdón por los casi 8 millones de euros que cuesto al país, por la opacidad en todo lo que a mis gastos y los de mi familia se refiere. Y engarzando con ese proceso constituyente tan ilusionante, confío en que 2016 también sea un año de referéndum, en el que seáis todos vosotros los que libremente decidáis si merecéis una monarquía o no, si en pleno siglo XXI es realmente democrático que el Jefe de Estado sea impuesto por su sangre.

Y para terminar un toque de mi profesión: La Casa del Rey necesita, con urgencia, un buen escritor de discursos que sepa conectar con el punto medio emocional de los españoles. La inmensa mayoría de los empleados de la casa del ciudadano Felipe son militares, policías, diplomáticos y altos funcionarios. España no es eso.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de SI QUIERES REZAR NO MENSTRÚES.

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