@ellibelaresc

Aunque hace unos días que, felizmente, han pasado las fiestas de la Navidad y fin de año  no quiero dejar pasar la ocasión para las siguientes reflexiones. Y es que más que nunca la laicidad se hace indispensable en este país. La vuelta confesional que está llevando a cabo el gobierno del Partido Popular hacia los tiempos del franquismo no tiene cabida en un sistema que se pretenda democrático. Es de una indecencia incalificable que, mientras se está asfixiando hasta el límite a los ciudadanos, mientras están muriendo personas por desesperación o, incluso, por hambre, los privilegios económicos y políticos de la iglesia católica en España no sólo se hayan reforzado, sino aumentado considerablemente con dinero público.

Vivimos tiempos en los que la irracionalidad y el pensamiento mágico de la religión vuelven a suplantar, en la Educación española, el conocimiento, la razón y la ciencia. Porque en cualquier sistema democrático los que quieran aprender mitologías o supersticiones que lo hagan fuera del sistema educativo público, cuya labor no es adoctrinar, sino educar.

Esta tradición de la Navidad, tan arraigada a nuestros esquemas profundos, no es más que una farsa, por muy tradicional que sea. Una farsa que a partir de la Edad Media anuló y suplantó el verdadero significado de las fiestas del Solsticio de Invierno. Saturnales griegas, fiestas del Sol Invictus romanas, fiesta del Solsticio celta, fiesta del Jùl en los países escandinavos. En general, todas las fiestas precristianas celebraban el cambio de ciclo de la naturaleza, celebraban, en el día más corto del año en el Hemisferio norte del planeta, la renovación de la vida con el renacimiento del Sol tras el largo otoño. Todo nos lo han cambiado.

Hemos terminado con la hipocresía de las fiestas de Navidad y resulta repugnante que nos hayan hablado los charlatanes del gobierno y de la católica de paz y de amor en medio de un país asolado por la violencia y por el odio. Porque que un niño no pueda comer sus tres comidas diarias es violencia. Y que un anciano no tenga derecho a una asistencia médica digna es violencia. Y que seis millones de españoles no puedan trabajar es violencia. Y que muchos estudiantes abandonen sus estudios por el aumento de las tasas es violencia. Y que miles de familias no puedan calentarse por el despiadado aumento de las tarifas de luz es violencia. Y que los ciudadanos no puedan levantar la voz contra la indecencia es violencia. Y que miles de personas tengan que buscar restos de comida en contenedores de basura es odio y es violencia. Que no nos hablen de paz y de amor estos charlatanes del Partido Popular. Que no nos deseen felices fiestas. Que nos hablen de derechos, de progreso, de escuelas, de hospitales, de solidaridad verdadera, de diversidad, de respeto, de paz, que nos hablen de democracia. Que nos hablen de decencia.

¿El espíritu navideño? Es una pamplina más que idiotiza a muchos en estas fechas y nos hace creer en una solidaridad tan pasajera y efímera como falsa. ¿Feliz Navidad? ¿Para quién? El que llaman espíritu navideño quizás sea solo un privilegio de esos patriotas que tienen cuentas atiborradas de millones de euros en Suiza y otros paraísos fiscales.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de LA PASCUA MILITAR.

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