@ellibelaresc

Tras los resultados electorales del 20D son muchos los que se hacen cruces porque, contaminados por los perdedores, piensan que así, con tanta opción política, va a ser imposible gobernar un país. Yo creo que se equivocan. Lo mejor que le ha pasado a nuestro país desde hace tres décadas es que tras las elecciones del 20 de diciembre no pueda gobernar nadie; primero porque es una suerte que ahora la moneda de la democracia tenga cuatro lados y no haya que jugárselo todo a cara o cruz, aunque habrá quien no esté de acuerdo, tal vez porque confunda la estabilidad con la inmovilidad; y segundo porque si algo deberíamos saber a estas alturas de nuestra historia es que para lo único que sirven las mayorías absolutas es para convertir los parlamentos en un frontón. Lo que ha ocurrido es un paso de gigante que quizá se ha quedado corto, pero que ha sido más que suficiente para dejar atrás el bipartidismo y a algunos en fuera de juego. Lo lógico sería esperar que si no puede gobernar nadie lo hagan todos, que entiendan que lo que les han pedido con sus votos los ciudadanos es que dejen en la caseta de las herramientas el rodillo y las tijeras y negocien, discutan, se entiendan, pacten, concilien, acuerden, cedan… Son demasiados verbos para describir lo que no va a suceder.

Habituados como estaban los políticos del PP y del PSOE al bipartidismo ahora no entienden que el espectro político ha cambiado. Estos políticos no han entendido que la democracia es un método de gobierno en el que los ganadores pueden ser vencidos por la suma de los derrotados. Defender lo contrario es menospreciar los votos de millones de personas y las matemáticas: ¿no se han dado cuenta de que si tu partido tiene diez votos y otros tres que han logrado cinco cada uno se unen te ganan por cinco? Hay quien no lo comprende o incluso quien piensa de los votantes lo mismo que de los jueces: que solo aciertan cuando les benefician.

CINCO DETALLES DEL CASO NÓOS.

  1. El fiscal1Observa bien la foto del despacho del fiscal Horrach del caso Nóos. Hay un carrito de Mercadona. El comentario que nos sugiere no puede ser otro: ¿mangado? Este es un país de chiste.
  2. La defensa de Diego Torres reclama ´la oportunidad de que el cuñado del señor Urdangarín y su suegro testifiquen en la causa donde se juzga el desvío de 6 millones de euros de fondos públicos´. Como no podía ser de otra manera la petición ha sido rechazada por ´irrelevante´. Y digo yo: nos tendrían que explicar qué es lo relevante para este fiscal y esta abogada del Estado.
  3. La Abogada del Estado, en representación del Ministerio de Hacienda, afirma, para defender a Cristina, que la expresión ‘hacienda somos todos’ -esgrimida por el juez Castro- debe ser utilizada en el ámbito para el que nació, el de la publicidad, no en el judicial.
  4. Lo interesante de este proceso no es tanto que la hija de un rey acabe en el talego, que es casi un imposible metafísico, sino constatar que no está todo perdido y que la osadía de un magistrado puede remover los cimientos de un sistema pensado para que la justicia sea más igual para unos que para otros. Lo que se juzga en realidad no son las mordidas de Urdangarín y su socio a las arcas públicas y el desvío de esas cantidades al pago de un palacete o al salario en negro del servicio doméstico. Tampoco si Cristina de Borbón sufría el síndrome de Ana Mato y era incapaz de distinguir si eran Jaguares o podencos lo que tenía en su garaje. Lo que se ha puesto por primera vez en cuestión es la manera con la que la familia más privilegiada del barrio se ha desenvuelto en relación con el dinero de los demás, que siempre ha creído suyo por designio divino.
  5. El abogado de la infanta dice que es ´una pesadilla´ que ella esté en el banquillo. Y yo le digo a este señor que pesadilla es la que tenemos tantísimos españoles por tener que ´tragar´, en el siglo XXI, a unos Borbones que en bastantes temas tienen mucho que ocultar, independientemente de su destino divino y sangre azul.

En la gacetilla de mañana hablaremos de LÍNEA ROJA.

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