@ellibelaresc
El pasado 13 de enero asistimos con cierto morbo a las novedades que pudieran ofrecernos los nuevos diputados en la constitución del nuevo Congreso. Independientemente de los pactos que todos sabíamos se iban a producir y de la monotonía que en fechas como esta nos ofrecían los partidos del bipartidismo, en esta ocasión dos detalles animaron la sesión del Congreso y nos han hecho creer inicialmente que las cosas pueden cambiar. Me refiero al gesto de Bescansa con su bebé (que busca un debate sobre maternidad, conciliación y derechos) y a la forma de jurar y de vestir de los diputados de Podemos, sus mareas y confluencias.
El escándalo de los populares, PSOE y C´s estaba servido. El ministro del Interior lo considera lamentable y Celia Villalobos espera que las rastas no le contagien piojos. Estos tres partidos consideran que se trata de faltas de respeto al Parlamento, que los diputados de Podemos, como ya ocurrió en la constitución de parlamentos autonómicos y ayuntamientos se excedieron en la forma de vestir y en las fórmulas de acatamiento a la Constitución, porque aun aceptándola, inmediatamente se sintieron obligados a proclamar que trabajarán para cambiarla. Podemos, dicen, confundió el Congreso de los Diputados con un plató de televisión (digo que pensarían que de la Sexta).
Los diputados de Podemos quisieron con su gesto cambiar también la fórmula tradicional del ´Sí, prometo´ al que nos tenían acostumbrados los partidos del saqueo, la corrupción, el despilfarro y la ineficacia. Lo han hecho hablando de justicia social, de fraternidad entre los pueblos, de igualdad, de lucha contra la violencia machista y de poner las instituciones al servicio de la gente. Nada extraordinario en una sociedad democrática, y sin embargo parece que a algunos les ha sentado mal. Han chillado, silbado, bramado y pataleado. Como hicieran hace unos meses, han demostrado que no tienen un mínimo de educación ni respeto, evidencian que no soportan que gente sencilla que no lleva toda su vida preparándose para ser representante público llegue a las instituciones y les recuerde que ni las instituciones ni la política son su coto privado. Estos mismos que han berreado contra los progresistas no se han escandalizado cuando el exconcejal del PP en el Ayuntamiento de Valencia, Miguel Domínguez, ha jurado su cargo como nuevo diputado de las Cortes Valencianas ´ante Jesucristo crucificado y los Santos Evangelios´.
Estos que no toleran nada que no sean sus principios han estado tanto tiempo utilizando las instituciones a su servicio que les resulta inconcebible lo que ha ocurrido y está ocurriendo en nuestro país. El momento de la resignación de los de abajo y la tranquilidad de los de arriba se ha terminado. Se acabó esa estrecha concepción de la política que la reducía a un teatro entre hombres encorbatados decidiendo sobre las vidas de millones de personas sin consultar y sin conocer de primera mano las consecuencias de sus decisiones. Y está claro que no saben digerirlo. Muchos de ellos no entienden qué ha pasado en nuestro país para que un guardia civil, una jueza, un abogado especializado en propiedad intelectual, una profesora, varios jóvenes precarios o una investigadora hayan llegado a las instituciones. Muchos de ellos no entienden que la inmensa mayoría de los ciudadanos nos hemos dado cuenta de cómo ha sido su forma de actuar durante tantos años y que hemos dicho que ya basta a los abusos.
Lo cierto es que el Parlamento ha experimentado un cambio de estética aspirando a la identificación ciudadana. Y me viene a la memoria, que no a la fecha en que ocurrió, el día en que José Bono afeó al compañero Miguel Sebastián la decisión de personarse en el Congreso desprovisto de corbata, insistiendo incluso en que el atuendo informal contravenía las ´normas de decoro recomendadas en esta Cámara´. Cuesta imaginar el esfuerzo de paciencia y de tolerancia que le supondría ahora al propio Bono sobreponerse a la heterogeneidad estética del Parlamento. Y hasta al desaliño premeditado con que la nueva política ha convertido la corbata en una expresión inequívoca y trasnochada de la casta.
Y SIGUE: Después de seis meses sin oírla aparece otra vez Rita Barberá para declarar que: ´La izquierda no tiene ningún respeto a la legalidad´. Ella, la de Brugal, Gürtel, RitaLeaks, Nóos, Emarsa, Imelsa, Caloret…
En la gacetilla de mañana hablaremos de LA JUSTICIA DEL LADO DEL OBISPO.

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