@ellibelaresc

Fue un 24 de diciembre de 2011 cuando el entonces jefe del Estado, Juan Carlos I, haciéndose eco del escándalo de su yerno y su hija que eran acusados de apropiación indebida de fondos públicos y fraude a Hacienda, afirmaba en la felicitación de Navidad a la Nación que ´afortunadamente vivimos en un Estado de Derecho, y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley. La Justicia es igual para todos´, y también que  ´necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos. Todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos el deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar´.

Tres meses y 20 días después, el 14 de abril de 2012, mientras el país se debatía en el alambre de irse a pique, los españoles desayunamos  ese sábado con la noticia de que el rey había sido intervenido de urgencia en una clínica madrileña  tras haber sufrido un grave accidente cuando cazaba elefantes en Botswana, acompañado por su amiga entrañable, una sedicente princesa alemana, rubia como los chorros del oro, de nombre Corinna. Ese era el ´comportamiento ejemplar´ que el rey había reclamado a todos los españoles, y no hablo de la princesa. En días sucesivos los españoles fuimos  conociendo retazos de la verdadera vida del jefe del Estado, su novia y el ostracismo de Sofía. También tuvimos noticia de las artimañas que había utilizado para amasar una inmensa fortuna.

Por eso la infanta y su marido son relativamente culpables. No han hecho, ellos lo creen así, otra cosa que no vieran hacer en casa de su papá: las llamadas diarias al banquero de turno proponiendo negocios, anunciando visitas y pidiendo favores. Los viajes al extranjero, las comisiones del petróleo, las comisiones de la obra pública, todos los días un ´business´. Por eso el juicio del caso Nóos es el juicio al que la sociedad española somete la conducta judicialmente punible y moralmente condenable de quien estaba más obligado que nadie al cumplimiento de una ética y a un comportamiento ético. Pero no fue así, y así propicio la actitud de los políticos que pensaron y aplicaron la norma de que en robando el rey, robemos todos. Nuestro políticos lo supieron todo desde el principio, y miraron hacia otra parte, todo se lo consintieron.

Antes de juzgar a la hija habría que juzgar al padre. Pero este juicio nunca se podrá celebrar porque eso supondría ponerlo todo patas arriba, volverlo todo del revés y abrir las puertas a los temibles demonios familiares de los españoles. Es, simplemente, el juicio de honor que los españoles honrados mereceríamos para poder mirarnos  al espejo por las mañanas sin sentirnos avergonzados.  Ya sé que es un decir. Pero no va a ocurrir, como tampoco ocurrirá el de la infanta. Doble contra sencillo a que no. Pasado el mal trago del banquillo, a Cristina le aplicarán la doctrina Botín, que es brebaje preparado por los beneficiarios del sistema para contar con una Justicia aparte, tan distinta, tan distante, a esa ´Justicia igual para todos´ de la que presumió SM en la Navidad de 2011.

Los españoles estamos obligados a analizar estos trapicheos, a rechazar la plasta pringosa de la corrupción. Estamos obligados a controlar a nuestros políticos si queremos, de verdad, gozar con una democracia digna de tal nombre, con auténtica separación de poderes, una Justicia igual para todos de verdad y una presidencia Republicana que podamos cambiar si nos desprestigia.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de LA ABSTENCIÓN DEL PSOE.

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