@ellibelaresc

Los titiriteros ya han salido de la cárcel, aunque no ha terminado su desventura judicial, que presumo va para largo mientras el PP insista en el tema para, de alguna manera, endulzar sus frustraciones.

Vamos a analizar en esta gacetilla de hoy cuál es el mundo o submundo de esta modalidad literaria y centenaria de los títeres de cachiporra. En España la estrella es Don Cristóbal, un viejo verde, infanticida y lascivo creado por Federico García Lorca, polichinela en Italia, guiñol en Francia, don Roberto en Portugal, kaspar  en Alemania y punch en Inglaterra. Los títeres nacieron para pegarles a los ricos, a los poderosos, reírse de las autoridades, de la policía, y proyectar la libertad contra la opresión. Son políticos de nacimiento y violentos por definición. Todos protagonizan una trama simple de fondo antiautoritario que resuelven a base de violencia, ingenio y ´pillerío´. Su poder contra el poder son el absurdo y la risa. Los títeres siempre han podido decir lo que quieren. Esta personalidad de los títeres no la han entendido la policía ni el juez en España, lo cual es gravísimo. Si tuviesen que ser detenidos los actores y directores de cine y teatro que han representado alguna escena en la que un personaje defiende la violencia, el robo o el terror, nos encontraríamos con las prisiones llenas de gente del mundo de la escena.

A mí no me gustan las viñetas de Charlie Hebdo. Me parecen irrespetuosas, insultantes para las personas con creencias islámicas y prescindibles. Es posible que tampoco me gustase la representación  de títeres objeto de la discordia, pero desde luego, creo en una sociedad en la que una persona pueda dibujar, escribir o representar la crítica social que crea que debe hacer. Federico García Lorca abre su Retablillo de don Cristóbal de esta guisa: ´El público culto de esta tarde sabrá recoger, con inteligencia y corazón limpio, el delicioso y duro lenguaje de los muñecos´. No han tratado con este espíritu a los titiriteros estigmatizados en Madrid, y a los espectadores se les ha privado de la libertad  para aplaudir, patear, vitorear, silbar, criticar en fondo y forma y hasta para lanzar verduras y hortalizas a la farándula, si me apuran.

Pero no. La representación fue un acto criminal y salvaje, por eso lo prioritario, lo imprescindible, lo básico, lo primero es enchironar a los titiriteros. Ahora no es momento para preocuparse por lo de Valencia, ni por lo de Cataluña, ni por la crisis, ni por la corrupción. Ahora es cuando más unidos debemos estar, no importan nuestras diferencias, ni nuestra procedencia, ni si somos de izquierdas o de derechas, independentistas o unionistas. Ahora todos somos uno diciendo basta, pidiendo justicia por una causa de la que toda la humanidad estará orgullosa. Luchando por la noble causa de encarcelar a estos malditos titiriteros que han querido socavar las mentes de los pequeños infantes que acudieron a la representación.

Cierto que la obra pudo no ser apropiada para un público infantil y que tal vez haya que depurar responsabilidades. Pero tengo que decir que a mí me preocupa mucho más la protección de los niños en el mundo real. Es una pena que la representación de guiñol no se anunciase con ´dos rombos´, pero me parece más grave que la infancia escuche en las noticias que 10.000 menores refugiados han desaparecido y pueden ser víctimas de trata, que vaya ´naturalizando´ la aparición cotidiana de niños ahogados en el Mediterráneo, que se acostumbren a ver que otros niños, como ellos, pierden a sus madres asesinadas por su propio padre, que den al interruptor de la luz y no se encienda porque se la han cortado, que esperen con miedo a que vengan a desahuciarles de sus casas,… De esa realidad, es de la que tenemos que proteger a los niños.

Se ha montado un circo estúpido. Si te equivocas quitando una placa, se repone y se piden disculpas y ya está Si una obra está mal programada, se establecen responsabilidades y se programa mejor a la siguiente y ya está. No tiene, a mi juicio, mayor historia.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de LOS SUELDOS DE LOS DIPUTADOS.

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