@ellibelaresc

En el PP cada día que pasa es más oscuro. Ya poco dudan de que tienen que abandonar La Moncloa y que con ello tendrán que dar cuentas del gobierno tan nefasto que han impuesto a lo largo (larguísimo) de estos pasados cuatro años. Rajoy ha sido el peor presidente de la democracia, y Soraya, creo yo, si bien le tengo que manifestar mi antipatía, la peor y más siniestra inquilina de la vicepresidencia desde que Franco inventó ese puesto para acuartelar en él a su querido general Agustín Muñoz Grandes.

Hasta el rabo todo es toro, por eso los que dábamos por muerto al PSOE tras las elecciones del 20D no pensamos en una posible carambola que por esos misterios del destino iba a dar el poder al PSOE. La posibilidad real de que los socialistas consigan la presidencia del Gobierno ha sido tan inesperada que en Génova andan todavía hoy palpándose los bolsillos. Les han robado la cartera y lo han hecho, además, delante de sus narices y con el consentimiento del incapaz de su jefe, de un Mariano Rajoy que lleva en modo esfinge desde el día 20 de diciembre.

En el PP recogen lo que llevan sembrando desde el mismo día que ganaron las elecciones de 2011. Han hecho todo lo humanamente posible por irse al garete y, como era de esperar, al final lo han conseguido. Todos los presidentes de Gobierno, todos, han repetido al menos una vez, Felipe González se dio incluso el lujo de repetir varias, cuatro en concreto desde 1982 a 1996. Aznar no solo repitió, sino que mejoró sustancialmente sus resultados en las elecciones del año 2000. Pasó de ganar por los pelos a cosechar una sólida mayoría absoluta que le permitió gobernar otros cuatro añitos con su personalísimo estilo de inspector de Hacienda permanentemente cabreado.

De Rajoy, el opositor ejemplar,  solo podíamos esperar lo que hemos tenido. Se sentó y esperó a la derecha de dios padre Manuel Fraga, bajo cuyo patronazgo consiguió plantar sus reales en la Corte. Se sentó y esperó bien pegadito al lomo de José María Aznar, que lo fue llevando de ministerio en ministerio hasta el dedazo final. Se sentó y esperó dos legislaturas ´zapaterinas´, que hubiesen sido tres o cuatro de no haber mediado la crisis económica. Sentado y esperando con el brazo extendido y la palma de la mano abierta cómo le cayó el poder como al que le cae una aceituna después de pasarse seis horas debajo de un olivo. Ya en la poltrona se sentó y esperó a que la crisis pasase como pasa una tormenta en verano. Y ahí sigue, sentado y esperando a que todos se pongan de acuerdo para que gobierne de nuevo él, aunque sea como mal necesario en estos tiempos turbulentos. Esto explica la cara de póquer que se le ha quedado cuando el jefe del Estado en las sondeos previos a una posible investidura le dijo sin decírselo que ya podía irse, que no era necesario esperar más, que no cuenta con él, que su partido apesta, que su tiempo ha terminado, que en Santa Pola el invierno es corto, el verano largo y despachan el Marca en los quioscos.

A día de hoy Mariano Rajoy es un cadáver político que no sabe que está muerto. Pero lo peor no es eso, lo peor es que todos a su alrededor sí que lo saben pero nadie se lo quiere decir a la cara. Con lo fácil y rápido que sería encerrarse con él en un chalet de la sierra –como hicieron con Adolfo Suárez los barones de la UCD– y decírselo en cuatro palabras: ´Mariano, vete. Hoy mejor que mañana´. Pero esto no lo hará la cúpula del PP. ¡Cualquiera!  Ante el PP se abre el que posiblemente sea el periodo más doloroso de su corta historia. Y yo me alegro. Siembra vientos…

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En La gacetilla de mañana hablaremos de ES IMPRESCINDIBLE UN ESTADO LAICO.

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