@ellibelaresc

Desde la muerte de Franco, y con la llegada de la democracia hay que reconocer que en este país se han conseguido derechos civiles que con el General y el control político y religioso de la iglesia católica durante la dictadura eran impensables: el divorcio, los derechos sexuales y salud reproductiva, la orientación sexual, el matrimonio entre personas del mismo sexo…

Sin embargo todavía hoy, en pleno siglo XXI, continúan incomprensiblemente vigentes los privilegios jurídicos, políticos, tributarios, económicos, sociales y educativos de los que disfruta la Iglesia católica, consecuencia de una singular y ancestral herencia del pasado nacional-católico, cuya coartada política actual son los Acuerdos con el Vaticano de 1979 (y 1976) y la perduración del Concordato franquista de 1953, además de la ambigüedad calculada de la Constitución de 1978 en cuanto a la libertad de conciencia y a la cuestión religiosa.

Es cierto que la sociedad española ha cambiado enormemente en estas cuatro décadas y las encuestas, año tras año y de forma progresiva demuestran que la secularización potente y normalizada de la ciudadanía es un hecho incontestable y en todos los campos y, sobre todo, entre las personas que han nacido a partir de los años setenta. Sin embargo resulta incomprensible que mientras la sociedad se seculariza, la política y las instituciones del Estado, ya en manos del PP o del PSOE, mantienen un cierto statu quo insostenible democráticamente con la Conferencia Episcopal Española.

Lo vemos en los debates electorales. La cuestión de la laicidad, como el tema de la configuración republicana del Estado y el debate sobre la monarquía resultan temas no tanto políticos como tabúes que conviene no tocar porque cierta ciudadanía, dicen, no está sensibilizada. Les viene muy bien mantener esta idea y no decir abiertamente, como hace IU y así le va, que airear esos temas y comprometerse  quitan votos. Simple táctica electoral que en absoluto ayuda a la regeneración democrática que tanto airean ciertos políticos.

Los acuerdos de Estado que tanta negociación están generando de cara a la formación de un nuevo Gobierno exigen pactos para reformar la Constitución de 1978 que aborde, entre otras, cómo evitar la corrupción política y de las instituciones del Estado, la eliminación de las puertas giratorias,  procurar una justicia rápida e igualitaria, desarrollar una reforma de la ley electoral acorde a estos tiempos, elaborar nuevos postulados territoriales del Estado, amarrar garantías constitucionales de derechos sociales y civiles universales.. Pero también hay que abordar sin miedo a los votos la cuestión de la laicidad que permita la construcción de un Estado laico que trate por igual a todas las personas independientemente de sus convicciones y creencias y no privilegie social, económica y jurídicamente a la iglesia católica, por encima de otro tipo de entidades y asociaciones.

Para avanzar en la laicidad Europa Laica propone a los políticos una serie de medidas: la reforma parcial de los artículos 16 y 27 de la Constitución: ninguna convicción particular, ideología o confesión religiosa tendrá carácter estatal. Se garantiza la libertad de pensamiento, conciencia, religión y otras convicciones de las personas. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, creencias o religión. Para garantizar el derecho universal e igual a la Educación, el Sistema Educativo ha de ser laico y por lo tanto la Religión, en sus formas confesionales, no formará parte del currículo y del ámbito escolar. No se subvencionarán, en ningún caso, centros educativos con ideario propio, ya sea de carácter religioso o de otra naturaleza ideológica particular. La prioridad del Estado es la Escuela Pública.

Denunciar y anular  los Acuerdos con la Santa Sede de 1978 (y 1976) y Concordato de 1953; derogación de la Ley de Libertad Religiosa de 1980 y aprobación de una Ley de Libertad de Conciencia; eliminación de la casilla de la Iglesia Católica en la declaración del IRPF y  abordar las múltiples exenciones fiscales de la Iglesia Católica, y la devolución de los bienes in-matriculados.

Para formar un Gobierno de progreso somos muchos los que pensamos que los nuevos pactos de Gobierno deben ser valientes, pensar en el bien de la sociedad, de la inmensa mayoría de españoles que desean el progreso, y pactar unas bases firmes de laicidad que nos faciliten la regeneración democrática. Hecho que, así creo, no va a ocurrir.

PD. La última de Rajoy: ´Somos sentimientos y tenemos seres humanos´.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de ¿ES DELITO UN DESNUDO?

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