@ellibelaresc

Fue en su momento comidilla habitual que Ana Mato no se enterara del Jaguar que veía en su garaje, una berlina de lujo de casi cinco metros de largo y dos de ancho, valorada en su día en 52.190€, o que todos los concejales del equipo de gobierno del PP de Rita Barberá estén imputados o en proceso de imputación y ella no se enterara ni salpicara, ídem de Esperanza Aguirre o que don Mariano, cercado por todas partes con la corrupción no le haya tocado ni un olorcito de su mierda corrupta. Muy sospechoso.

De todas formas, y tiempo al tiempo, don Mariano está muy desmejorado. De vez en cuando (sobre todo cuando va a darse un baño de multitudes a La Razón, bajo la batuta de su guardaespaldas Marhuenda, que se empeña en conservar en formol el cadáver político del presidente) levanta el ala, pero muy poco.

Por activa, pasiva, media y perifrástica  a Rajoy se le pide que se vaya ahora mismo, que se vaya aunque la investidura de Sánchez no triunfe (como así ha ocurrido), que se vaya antes de una eventual repetición de las elecciones para que el PP pueda presentar a otro candidato. En el partido, al parecer, también se lo pedirían pero el miedo a perder algún escalón es muy grande entre sus disciplinados dirigentes. En las reuniones del Comité Ejecutivo nadie dice esta boca es mía, y Rajoy, tan equilibrado, sensato, endiosado, pero menos, les aconseja que no se pongan histéricos.

Cómo no se van a poner histéricos los mandamases del PP si, como es público y notorio, las detenciones, las imputaciones y los registros por corrupción se suceden día sí y otro también, mientras el líder un día hace la estatua, otro se indigna y al tercero le expide un salvoconducto a Rita Barberá, que se pone muy contenta y se va a la peluquería.

Los indicadores de opinión dicen que estamos abocados a unas nuevas elecciones, y la intención del insustituible don Mariano es repetir como candidato, algo para lo que no necesita el apoyo de su partido ya que estatutariamente es irremplazable salvo que dimita, se muera o sea declarado incapaz, vía esta que nadie, y ¡ay de él si lo intenta!, se ha atrevido a explorar por el momento. ¿Por qué Rajoy se aferra a su cargo y no hay quien lo baje de la cabra? ¿Es posible que su obstinación no obedezca a razones políticas sino a razones jurídicas? ¿Qué ocurriría si Rajoy cediera el paso a otro dirigente del partido y no sólo dejara de ser presidente sino también diputado? Pues que perdería el aforamiento del que ahora disfruta y muy posiblemente no tardaría en ser llamado a declarar por algunos de los juzgados en los que se investigan causas contra el PP. Sería lo más normal y lo que va a pasar…con el tiempo.

Se entiende perfectamente que Mariano Rajoy ni se plantee irse. Si tuviera que dimitir hoy medio partido debería presentar también su renuncia exactamente por las mismas razones que Rajoy: conocer, tolerar y hasta encubrir la corrupción que se ha institucionalizado en una fuerza política que ha preferido callar y mirar para otro lado a cambio de asegurarse una mejor financiación. Si echa a Rita Barberá la única pregunta será quién es el siguiente.

Ni el problema del PP reside únicamente en Mariano Rajoy ni se arregla relevando solo a Mariano Rajoy. El principal partido de la derecha necesita una catarsis y una regeneración tan profunda e intensa que solo puede hacerse con tiempo y desde la oposición.

La ficción de que el máximo responsable de un partido es ajeno a todas sus corruptelas solo puede mantenerse en circunstancias como las actuales, es decir, cuando el afectado está a la cabeza del poder ejecutivo y no hay un solo juez en activo con bemoles para pedir un suplicatorio. Rebajado a ciudadano raso, nada impediría que, al menos, Rajoy diera explicaciones en sede judicial sobre todo lo que supuestamente ignora, que es mucho. Por eso es comprensible el pavor que ha de sentir Rajoy a explicar a un magistrado su conocimiento sobre la contabilidad B del partido o su presunta implicación en el ocultamiento sistemático de pruebas solicitadas por los tribunales, ya sea el borrado de los discos duros de los ordenadores de Bárcenas, la eliminación de los libros de visita de la sede central o la destrucción de las agendas de los extesoreros, todos ellos encausados por corrupción. Resulta muy difícil creer que el responsable último de una ´organización criminal´, como se ha llegado a definir por parte de la Guardia Civil al partido en Valencia, desconociera absolutamente todo lo que se cocía en sus fogones.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de DON MARIANO NOS MUESTRA SU NIVEL.

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