@ellibelaresc

Durante toda esta semana, la que llaman ´santa´, este país se llena, de norte a sur, de miles de manifestaciones folclóricas irracionales de la dogmática católica bajo el auspicio de lo que se llama tradición. Que a lo que procesionan en Sevilla o en Málaga, por poner dos ejemplos, le llamen expresión viva del sentimiento y de la fe católica deja mucho que desear.

La Semana Santa católica es una demostración intensiva del culto del cristianismo al sufrimiento, a la agonía y al dolor. Es una exhibición tangible y manifiesta de ese famoso ´valle de lágrimas´ que propaga la religión católica en detrimento del derecho humano a la alegría, a la evolución y a la felicidad. ¿Qué religión es esta, la católica, que adoctrina a sus seguidores en estos rituales de desgarros, penas, dolor y muerte cruenta? ¿Cómo si no nos iban a vender, a precio de oro, la felicidad de ultratumba si este mundo fuera un mundo feliz? Es un canto a la irracionalidad y a la sinrazón de llorar la muerte de alguien que supuestamente murió hace dos mil años, por parte de esos mismos que no permiten que se llore a los miles de españoles republicanos que yacen tirados en las cunetas por querer un mundo mejor. Es una manipulación de las emociones colectivas de una sociedad maltratada que pica el anzuelo de drenar sus penas en esas escenificaciones teatrales que sirven de catarsis colectiva al más puro estilo oscurantista y medieval. ¿Que son tradición? Sí, claro, ¿cómo no van a ser tradición si provienen de siglos de ordeno y mando? El problema no es la tradición, sino su injerencia en lo público. Con el corazón en la mano: ¿Es religiosidad lo que vemos por cada uno de los rincones de España en la llamada Semana Santa?

El espectáculo será el mismo de todos los años. Por las calles y televisiones asistiremos a la celebración increíble de una barbarie sin precedentes: la abominable creencia de que un pobre hombre fue torturado y sacrificado como un cordero pascual solo por nuestra culpa y para salvarnos de nuestros pecados. Y para celebrar tal injusticia llenamos nuestras calles de caperuzas tipo Ku Klux Klan, cánticos teatreros desgarrados y asaetados desde los balcones, hipocresía, legionarios transmutados y, como siempre, de penitentes convencidos o no que, sin pretenderlo, les hacen el culo grande a los poderes religiosos que siguen sirviendo a los ricos y desollando a los pobres en una formidable exaltación de farsa e hipocresía.

Tal montaje sacramental solo se puede entender, creo yo, si lo consideras desde una perspectiva literaria, al estilo de los objetivos que los griegos querían conseguir con sus tragedias: redimir las cargas afectivas y emocionales del espectador en un proceso catártico. Los griegos asistían a la representación de las tragedias con una finalidad purificadora. Las penas y tristezas que se vivían en esas actuaciones teatrales y sus soluciones se vivían como un calco de las propias penas y tristezas, y esta vivencia se convertía en un acto emocionalmente liberador. ¿Serán estas manifestaciones de dolor semanasantero la catarsis que buscan sus oficiantes y espectadores? Puede ser, porque la vida que nos ha tocado vivir necesita de catarsis y de mucho más.

Y luego nos cuentan que España es un país laico. ¿Quién se lo cree? Por suerte somos un país aconfesional, porque si fuéramos un país católico, apostólico y romano, seguiríamos quemando herejes en las plazas. En ningún momento del año es tan visible este ADN inquisitorial como en la Semana Santa, porno duro eclesiástico, una orgía de sangre y de latigazos que eleva el sadomasoquismo al rango de orgasmo patriótico. Hace falta estar muy mal de la cabeza para haber transformado el mensaje de paz y amor del cristianismo en un culto caníbal, violento y obsceno, que no sólo se escenifica en todas las ciudades y pueblos de España sino que además es obligatorio para niños de todas las edades. Lamentable.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de ¿EN ESTE CASO QUÉ SENTIMIENTOS SE ATACAN?

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