@ellibelaresc
Rita Maestre, la portavoz de Ahora Madrid a quien Manos Limpias, Alternativa Española y el Centro Tomás Moro (tres asociaciones ultras de mojigatos) quieren ´crucificar´ por quitarse la camiseta y quedarse en sujetador en una capilla de la universidad Complutense de Madrid para protestar por el uso de estos locales dedicados a divulgar la superstición en lugares públicos y destinados a la ciencia, me está dando mucho que escribir y que opinar.

Dicen los ultras mencionados anteriormente que la actitud de la entonces estudiantes y ahora concejala es una ofensa a Dios. Según estos energúmenos parece que a Dios (estos energúmenos dicen tener una idea de qué piensa esa entidad, qué le gusta y qué le cabrea: Dios, al parecer, y según ellos, odia las tetas, y este odio ha sido y es origen de numerosos conflictos, como lo es en la actualidad el caso de Rita) las tetas no solo le molestan en exposición directa sino también a través de esa prenda interior femenina que las mujeres utilizan para ceñirse el pecho.

El Dios de los católicos es, como muchos saben, un Dios trino. Una parte de este Dios, es hombre, y las otras dos, padre y paloma. Pues bien. Si Dios existe y es un tipo serio (Dios también es un hombre), debería tomar cartas en el asunto. Que lance un rayo a Rita Maestre y la fulmine en el acto. En plena comparecencia, ante las cámaras, que la deje frita y fin de la cuestión. Pero si, por lo que sea, a Dios le dan igual las tetas, como le dan igual los sobacos o las corvas, convendría que lanzase ese rayo contra los clubes de mojigatos y contra los tipos que les conceden subvenciones. Y, ya que se remanga, que dedique cinco minutos a convencer a los dirigentes de la Complutense de que esa capilla no tiene ningún sentido. Quién sabe, igual a Dios le hacen caso.

La reacción de los fanáticos religiosos en el caso Rita Maestre pone en evidencia que sí, que el sentimiento religioso es altamente ´sensible´; ver a un grupo de universitarias en sujetador hiere intensamente la sensibilidad religiosa, y ello a pesar de que las personas religiosas están muy habituadas al horror, y adoctrinadas, sin exageración alguna, en el loor al espanto. Dedos mutilados a supuestos santos en frascos de alcanfor, cabelleras, reliquias de todo tipo, una imaginería articulada alrededor del dolor, con espinas, sangre, madres llorosas, cadáveres, momias, sacrificios, penas, valles de lágrimas. Para ellos eso es un primor, pero el sujetador de una adolescente es un pecado mortal; y si lo muestra en una protesta en defensa de la laicidad del Estado, una verdadera herejía. Esta gente se escandaliza con algo tan ´grotesco´ como el amor, o como un beso, o como la alegría, la música, la risa, la libertad, la felicidad, o como el más nimio cuestionamiento, o la simple reflexión, o la duda. Para la religión todo lo que no se alinee con sus dogmas y sus intereses es pecado. No lo es, por ejemplo, la barbarie de la Inquisición, o las guerras santas que han promovido. Rita y sus compañeras no mataron a nadie, no quemaron ni torturaron a nadie, no asustaron, ni culpabilizaron a nadie. Pero algunas chicas se quitaron las camisetas. ¡Y eso sí es una atrocidad y una ofensa a los católicos!

Las grandes religiones monoteístas llevan muchos siglos no sólo ofendiendo y faltando el respeto a la humanidad sino quemando, matando, torturando, aterrorizando y extorsionando a las sociedades y a las personas. El terrorismo religioso produce tragedias como las vividas recientemente en París, o como la que vivimos en España en el atentado de Atocha. Siguen anulando a las mujeres. Siguen derogando las libertades. Siguen oponiéndose al progreso. Siguen imprimiendo su oscurantismo y alentando la ignorancia. Siguen enfrentándose a la ciencia y al conocimiento. Y siguen imponiendo sus dogmas y sus intereses en los Estados.

Que una chica se suba la camiseta y deje a la vista su ropa interior o su torso desnudo en una capilla es un delito. Que se apoye a dictadores, que se abuse de niños de manera impune, que se saquee a un país, que se llenen los bancos Suizos de dinero robado a los españoles es solo un accidente, y aquí no ha pasado nada. Los que más exigen respeto son los que llevan siglos sin respetar nada ni a nadie. Y siguen, por las evidencias, en ello.

En la gacetilla de mañana hablaremos de DE LOS OBISPOS, CURIA Y TAL

Anuncios