@ellibelaresc
Ha sido inevitable, pero ha ocurrido. Las consultas, preacuerdos, acuerdos, líneas rojas, mínimos políticos y pactos nos han hecho pasar el 23F sin pena ni gloria. Y no debe ser así. Cierto que lo que ocurrió nuestra juventud solo lo estudia en los libros de texto (y a veces ni eso) y por eso lo ve como algo que no le va o muy lejano. Los que sí vivimos aquella barbaridad de Tejero y compañía deberíamos estar al tanto y no dejar pasar ocasión para insistir y explicarles muy clarito a las nuevas generaciones lo que pasó, y concienciarlos para que aquel desgraciado y fallido golpe militar sirva de ejemplo y pauta de lo que no debió ocurrir. No solo ese día, sino también los anteriores. Se trata el 23-F como si lo que sucedió aquel día fuese algo que poco o nada tuviera que ver con lo que aconteció en España en los meses (y años) anteriores.

La gente tiene que saber que comportamientos infames y antidemocráticos de políticos, periodistas, empresarios, banqueros, poderosos, adinerados y del propio rey fueron determinantes para que se produjese el intento de golpe. Por tanto, querer entender el 23-F sin conocer lo que le precedió es por completo imposible. Por eso recurro a las siguientes notas del exteniente Segura que nos aproximan mucho a lo que pudo ocurrir.

El 23 de enero de 1981 cuatro tenientes generales (Elícegui, Merry Gordon, Milans del Bosch y Campano López que mandaban las regiones militares de Zaragoza, Sevilla, Valencia y Valladolid) y un almirante se presentan en Zarzuela, la casa del rey. Debido a ello, este no tiene más remedio que cancelar uno de los muchos asuntos de estado que le ocupaba. Si el 23-F, Juan Carlos I tenía una raqueta en la mano, el 23-E, estaba de cacería, escopeta en mano.

Lo que plantean estos militares al rey es reproducir el golpe de estado que en 1980 había triunfado en Turquía. En dicho golpe, Kenan Evren se hizo con el poder mediante la fuerza de las armas, detuvo a 150.000 personas y clausuró partidos políticos, sindicatos y periódicos. Por si no fuera suficiente, también se dedicó a los asesinatos y desapariciones. Eso era lo que querían los militares para España.

´El rey reina, pero no gobierna. Decídselo al jefe de Gobierno´, afirmó antes de hacer llamar a Adolfo Suárez, que se presentó en aquella cacería improvisada en la que él era la presa y se encontró al rey y a cinco sicarios dispuestos a no desaprovechar la ocasión para asesinar o herir de muerte a la democracia. ´Realmente estos que hay dentro quieren verte a ti´, le espetó el rey a Adolfo Suárez antes de arrojarle a las hienas. El gesto es dantesco: el rey empujando al presidente electo a los pies de las fieras militares y abandonándolo a su suerte, como los que espantan presas para los cazadores. Suárez les dice a los militares que ese no es el sitio para hablar y que si quieren les recibe en Moncloa, pero los militares prefieren jugar en campo propio, en Zarzuela.

Si hubiésemos tenido un rey demócrata habría ordenado la inmediata destitución de los militares en lugar de acudir a Zarzuela a recibirles. No lo hizo. Después de oír hablar de un golpe de Estado, si el rey hubiese sido una persona íntegra les habría arrestado de forma inmediata e informado al presidente y a las autoridades competentes para que los altos mandos militares fueran destituidos, detenidos y juzgados. Tampoco lo hizo. Si el rey no hubiera estado del lado de los golpistas o no les hubiera utilizado para sus fines habría defendido al presidente. Ni se le pasó por la cabeza.

Milans del Bosch, delante del rey, le dice a Suárez que debe dimitir por el bien de España. ´Dame una razón´, dice Suárez, enfrentándose a los matones. Sabido es que los altos mandos militares no son mucho de razonar, por lo que aquello de las razones les deja en un terreno que no es el suyo. Para salir del embrollo Merry Gordon, tan aficionado a las pistolas como a las botellas, saca una Star de 9 mm y se la coloca en la mano izquierda. ´¿Le parece bien a usted esta razón?´.

´¿Te das cuenta de hasta dónde me estás haciendo llegar?´, protesta el rey . Tras esta aseveración ya es imposible detener la sangría de la democracia, que es lo que ese día representaba Adolfo Suárez, tanto por su significado de respaldo a los golpistas como por un matiz que suele pasar desapercibido. No afirma ´¿te das cuenta de hasta dónde les estás haciendo llegar?´, lo que habría sido ya de por sí vergonzoso e infame pero más neutral y pasivo, sino que afirma lo que ´me´ estás haciendo llegar. Días después, el 29 de enero, la democracia muere con la dimisión de Suárez.

Ese día, si al rey le quedaba algo de legitimidad y de vergüenza, si es que las tuvo en alguna ocasión, las perdió para siempre. Ese día se escribió la historia que hoy nos intentan ocultar: hacernos creer que no pasó lo que pasó y que no pasa lo que pasa.

En la gacetilla de mañana hablaremos de TOTALMENTE DE ACUERDO

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