@ellibelaresc

Me gusta este artículo del académico Luis María Ansón.

Ana Pastor, Pablo Casado, Alfonso Alonso, Alberto Núñez Feijóo y Soraya Sáenz de Santamaría son los nombres sucesores que retumban en Génova y alcanzan los salones del Palacio de la Moncloa. No llegan a los oídos de Mariano Rajoy que permanece parsimonioso e impasible, encantado del incienso que todos los días se quema en su loor en el botafumeiro instalado a las puertas del despacho presidencial.

José María Aznar abrió la veda. Desde la red Floridablanca, Isabel Benjumea disparó la primera salva. Cayetana Álvarez de Toledo profundizó en el acoso. El murciano Alberto Garre y el navarro Jaime Ignacio del Burgo se sumaron a la cacería. La verdad, sin embargo, es que las intrigas y cotorreos de sobremesa a los que se entregan muchos militantes del PP se quedan en la veladura y el tapujo. Los dirigentes populares forman un inmenso rebaño mansurrón y lanar, atentos todos al carnero adalid. Los corderos y las ovejas solo se sienten seguros en el redil y balan de placer al escuchar la llamada del pastor cuando enarbola su cayado y descarga su ironía.

Que el Partido Popular precisa de una terapia de regeneración es algo que nadie duda. Que esa terapia pasa por la sucesión de Mariano Rajoy parece claro. Casi nadie, sin embargo, se atreve a plantearlo abiertamente. Rajoy ha pilotado una formidable administración económica y también una deleznable gestión política. Tras la mayoría absoluta, y solo en cuatro años, ha perdido autonomías, municipios y 63 diputados pero sostiene que él es el político ungido para continuar impartiendo sabiduría desde la silla curul de Moncloa. Está firmemente enrocado. Ni hay alfiles que le den jaque ni parece probable que le puedan hacer la cama porque todos o casi todos quieren salir en la foto. Y si el presidente en funciones no da un paso atrás, si no se aparta a un lado, el centro derecha seguirá liderado por el hombre que ha consagrado la sandez de Pedro Arriola como su divisa: ´No hay que hacer nada porque el tiempo lo arregla todo y lo mejor es tener cerrado el pico´.

Los frikis de Podemos, según la denominación arriólica, los ´insignificantes´ de Ciudadanos y la ´finta´ sin alcance de Arturo Mas se le han subido a las barbas al Mariano Rajoy distinto y distante. La inaudita cachaza y la lenidad permanente ante el órdago secesionista catalán pasó factura al Partido Popular y engrosó el cesto de votos de los Ciudadanos de Albert Rivera. Si de algo estoy seguro es de que el presidente en funciones no acudirá nunca, cuando visite Londres, al teatro del Globo donde Shakespeare interpretó como actor y estrenó como autor algunas obras que permanecen vivas en los escenarios de los cinco continentes. Sobre el frontispicio del Globo se lee: Totus mundus agit histrionem. Jacinto Benavente traducía libremente: ´Todo el mundo es teatro y todos somos en él comediantes´. Mariano Rajoy no está dispuesto a dejar el protagonismo de la comedia, de la gran farsa a la que asistimos, mientras por la espina dorsal de la sociedad española se multiplica una sensación general de asco ante el espectáculo que está dando la clase política, atenta solamente al personalismo de los políticos mandarines y a los intereses tantas veces espurios de los partidos.

En la gacetilla de mañana hablaremos de PASTORAL DE TRES OBISPOS SONBRE LA TRANSEXUALIDAD.

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