@ellibelaresc

Hasta la llegada del actual papa ha sido uno de los cardenales más influyentes en el Vaticano. Iba para papa, muchas quinielas lo ponían como sustituto de Ratzinguer, aunque con la ayuda de la paloma ganó Jorge Bertoglio. Es este cardenal un personaje confuso, maquiavélico, oportunista, poderoso, nada evangélico, como la gran mayoría de los que pululan y lucen fucsia por el Vaticano.

Desde la llegada del papa Francisco, uno de sus principales objetivos ha sido abrir las puertas del Vaticano a la transparencia, y así lo continúa haciendo, aunque con los resultados deje en evidencia a altos cargos de la Iglesia Católica. El último de los señalados por la justicia vaticana ha sido el ex todopoderoso secretario de Estado con Benedicto XVI, Tarcisio Bertone, que está siendo investigado por supuestamente financiar la reforma de su ático de lujo con dinero destinado a un hospital infantil, que ha costado un total de 420.000 euros.

El diario L´Espresso revela que los servicios jurídicos del Vaticano poseen pruebas documentales que demuestran que el cardenal sabía que los trabajos de restauración de su apartamento (tiene una terraza de 296 m2) fueron pagados por la fundación del hospital pediátrico Bambin Gesù. Entre la documentación hay una carta del presidente del Bambino Gesù, Giuseppe Profiti, en la que le ofrece estos fondos, y la respuesta de Bertone, en la que agradece la donación e incluso incluye la lista de las obras que se tienen que realizar. Bertone, a pesar de los evidencias, ha negado siempre saber de dónde procedían los fondos con los que fue reestructurado el apartamento, en el tercer piso del Palacio San Carlo, en el interior de los muros vaticanos, al que se mudó tras ser sustituido como secretario de Estado con la llegada del papa Francisco. El periodista que firma el artículo de L´Espresso es Emiliano Fittipaldi, quien está siendo juzgado en el Vaticano en el proceso por la filtración y publicación de documentos reservados en su libro Avarizia.

En una entrevista reciente el cardenal se defiende de las conclusiones de Fittipaldi y en el diario Corriere della Sera afirma que en la carta él especifica que agradece el dinero ´si llega desde terceros y no de la fundación´, y asegura que pagó de su bolsillo, y recalca que el apartamento no es suyo sino del Vaticano y vuelve a justificar que no le parece un piso grande pues lo comparte con tres monjas y un secretario, y que, además, en el resto de habitaciones hay una biblioteca y un archivo. ´Aquí no hay lujo alguno´, dice Bertone y el Corriere della sera nos habla de facturas para la compra de parqué de roble y mármol de Carrara y un equipo de sonido de 19.000 euros, entre otros detalles. ¡Vaya con la pobreza evangélica del cardenal!

Como es habitual en esta casta eclesiástica ni confirman ni ´desconfirman´, pero si el caso sigue su curso, y así lo parece dada toda la documentación que según el diario italiano tienen los investigadores, difícilmente la Santa Sede podrá evitar un involucramiento directo del cardenal Bertone en el escándalo. Si Bertone fuera incriminado sería juzgado (por su rango) por la Corte de Casación de la Ciudad del Vaticano y sería el primer caso de la historia.

En nuestro país, el ático del cardenal Bertone nos recuerda a otro muy cerca de la catedral de la Almudena en Madrid, el de nuestro entrañable Antonio María Rouco Varela. Como ya informamos en su momento en esta gacetilla el cardenal ultraconservador se mudó al dejar el arzobispado de Madrid a un ático de 370 metros cuadrados y valorado en 1,7 millones de euros, cuya reforma costó 370.000 euros. También piensa que allí no hay lujos, que también vive su secretario y dos monjas (aunque estas prácticamente viven en una celda conventual del apartamento). Ahí es nada el espíritu evangélico de caridad.

En la gacetilla de mañana hablaremos de MÁS SOBRE LA TÍA DE FELIPE DE BORBÓN.

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