@ellibelaresc

  1. No hay nadie más ignorante e inútil que aquel que, de rodillas y con los ojos cerrados, busca una respuesta. Los ateos y agnósticos no creemos en ninguno de los 2.700 dioses que ha inventado la humanidad, ni tampoco en el diablo, karma, aura, espíritus, alma, fantasmas, apariciones, Espíritu Santo, infierno, cielo, purgatorio, la virgen María, unicornios, duendes, hadas, brujas, vudú, horóscopos, cartomancia, quiromancia, numerología, ni ninguna otra absurdez inventada por ignorantes supersticiosos que no tenga sustento lógico, demostrable, científico ni coherente.
  2. El mayor de mis respetos a la gente que sale a la calle con verdadero fervor y fe sincera en su dios en las procesiones de semana santa o de cualquier otra festividad religiosa. El más absoluto de los desprecios a la jerarquía eclesiástica de nuestro país que, en nombre de ese dios, cometen las mayores atrocidades y escupen por su boca barbaridades llenas de odio que, desde luego, nada tienen que ver con lo que predicaba un tal Jesús al que seguro crucificarían sin pestañear si volviera a venir. La iglesia católica ha convertido la religión en un negocio y en un instrumento de poder con el que lleva siglos azotándonos a todos. Y el Estado, por lo menos en España, se ha convertido en su cómplice.
  3. La influencia atemorizadora de la iglesia se puede parar. En muchos países europeos se constata que la influencia de la iglesia en la sociedad disminuye a la misma velocidad que lo hace su poder económico. Necesitamos un gobierno valiente que se atreva a recortar las subvenciones, o a pararlas. A revisar el concierto de colegios que sostienen la enseñanza religiosa con dinero público. Y tantos privilegios inmerecidos.
  4. Es inaceptable que individuos como los monseñores de la católica se puedan permitir el lujo de dar lecciones de moralidad. Es hora de que esta gente sea tratada a nivel judicial como cualquier mortal. Fuera concordato, fuera subvenciones, fuera dinero del IRPF, fuera todo tipo de privilegios, y cada vez que estos personajes hagan apología de la xenofobia, la homofobia o se inste al odio a los diferentes, sean juzgados como cualquier ciudadano. Mientras nuestros gobernantes se den golpes de pecho en las procesiones y ´nuestros monseñores´ nieguen el auxilio a los necesitados y siembren la duda de si ´todos los refugiados son trigo limpio´, y lindezas por el estilo, este país no levantará cabeza.
  5. ´Soy algo más que laico: soy decididamente anticlerical, que es lo mínimo que puedo hacer mientras la Iglesia católica no pida perdón por su complicidad con la dictadura franquista´.

En las pasadas elecciones, y por primera vez en democracia, una mayoría de partidos llevaba en sus programas reflejar en la legislación la creciente secularización de la sociedad y apostar por el laicismo, quitándole todas las connotaciones negativas que la religión católica se ha empeñado en endosarle al movimiento. El laicismo es lo contrario del sectarismo. Predica la tolerancia, que cada ciudadano pueda decidir en libertad, sin injerencias de ningún tipo. Lo laico no es un añadido caprichoso al concepto de ciudadanía, sino el derecho a ser como uno quiere.

 A esos gerifaltes de la ortodoxia católica habría que recordarles algo muy esencial: que el cristianismo nació como un movimiento laico (´Dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios´), por lo que fue perseguido en sus inicios en Roma, aunque después se empeñó en ser una religión de Estado, sometida al Estado o sometiendo al Estado. Esos son los discutidos concordatos con el Vaticano. No buscan liberar la religión, sino someterla y estatalizarla.

 El laicismo debe reclamarse abiertamente anticlerical, aun a pesar de las connotaciones equívocas que puede tener como sinónimo de antirreligioso. La actividad del laicismo no se dirige contra el clero ni la religión, sino contra el clericalismo que pretende apropiarse la esfera pública e imponerse sobre todas las conciencias.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de ¿HASTA CUÁNDO AGUANTAREMOS?

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