@ellibelaresc

Los españoles cumplimos con lo nuestro, y han sido los políticos, los salvadores de la patria, quienes, insensibles y cerrados a cualquier pacto, nos han dirigido a unas nuevas elecciones. ¿No se lo haremos pagar? ¿No se lo merecen? Todos culpan al contrario, pero yo lo tengo claro, muy claro: el PSOE es el culpable principal. Nunca ha querido un gran pacto de izquierdas para desbancar a Rajoy de la Moncloa. La razón de esa negativa es doble: el PSOE tiene miedo porque tiene un líder débil y tiene un líder débil porque tiene miedo. Su gran error fue pactar con Ciudadanos.

Culpable también la cobardía altanera e indolente de Mariano Rajoy al negarse a iniciar siquiera contactos con Ciudadanos para forjar un pacto del centro derecha. El PP fue el partido más votado, pero su líder no ha estado a la altura de aquella victoria. Rajoy si es líder es muy mediocre, y ha sido el peor presidente de la democracia. Esto lo confirman propios y extraños.

Podemos, tiene su parte de culpa al encelarse con la idea del ‘sorpasso’ y vetar a Ciudadanos pretendiendo que es lo mismo que el PP. No anda desencaminado, pero no siempre es políticamente correcta la intransigencia.

Y la contra de Ciudadanos al vetar a Podemos, incurriendo en una demonización simétrica a la operada por Podemos contra el partido naranja. Las razones de C’s para justificar el veto no son mejores que las de Podemos: el pánico electoral, el temor a que sus votantes más conservadores no les perdonaran el entendimiento, siquiera indirecto, con la formación morada.

En Rajoy, como en Sánchez, como en Iglesias, ha predominado el personalismo y el interés partidista sobre el interés general. El espectáculo circense al que los partidos políticos han sometido al pueblo español entre estúpidas cabriolas y piruetas absurdas ha acentuado el asco generalizado con que la sociedad española distingue a la clase política.

La ceguera voluntaria de todos los partidos nos lleva a repetir las elecciones. ¿Son conscientes los políticos del descalabro político, social y económico que ello conlleva? Hasta 160 millones de euros van a emplearse en unas nuevas elecciones que podrían haberse evitado. ¿Sería justo decir que, si hay nuevas elecciones, no sea con mi dinero? La convocatoria y todos los gastos que conlleva es una afrenta a una sociedad puteada con los recortes sociales generalizados, el deterioro de los salarios o del propio empleo y el aumento paralelo de todos los impuestos, locales, autonómicos y estatales. Después de haber cargado sobre las espaldas de los ciudadanos el mayor peso de la crisis económica de los últimos años, se produce esta coincidencia que suena a burla: la celebración de unas nuevas elecciones que coinciden con el final de la campaña de la renta, de la que se van descontar unos millones de euros para pagar el capricho de los políticos. Deberíamos castigarlos.

En España, el desprestigio político ha elevado la política a la categoría de problema. Quien tiene que ser visto como la esperanza para solucionar los problemas representa lo contrario, uno de los mayores problemas. Los ciudadanos hemos podido contemplar cómo, desde diciembre pasado, cada posible salida se anulaba por un interés partidista.

La realidad es que los partidos políticos que se presentan a las elecciones cobran de las arcas públicas 21.167 euros por cada escaño obtenido en el Congreso o el Senado, más 0,81 euros por cada uno de los votos conseguidos por el escaño en el Congreso y 0,32 euros por el del Senado. Eso, además de una subvención a cada grupo parlamentario de 0,18 euros por elector para el envío de papeletas y propaganda. El coste de los servicios profesionales y telemáticos para el desarrollo de la jornada electoral no se puede ahorrar, pero en todo lo demás los partidos políticos están obligados a presentar y pactar un plan de ahorro antes de que comience cualquier otro debate. ¿Lo harán? Estoy lleno de dudas.

Es una estafa, un auténtico timo, que los partidos recurran de nuevo a subvenciones seis meses después. Y todo ello para, muy probablemente, abocarnos a una situación similar a la de partida. Las cosas van a cambiar tan poco respecto de lo ocurrido en diciembre que los políticos deberían ahorrar a los ciudadanos y a los presupuestos los alardes y el dispendio. Puesto que todo es lo mismo, ¿por qué cobrar dos veces por la misma mercancía?

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En la gacetilla de mañana hablaremos de AYUNTAMIENTOS LAICOS.

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