@ellibelaresc

Hemos escrito en este blog bastante sobre la persecución implacable que ´desde algunos medios´ se le está haciendo a Rita Maestre por haberse quedado en sujetador en una protesta en 2011 en la capilla de la Universidad Complutense de Madrid. Maestre fue juzgada y condenada a una multa de 4.320 euros por un delito contra los sentimientos religiosos. Rita recurrió la sentencia. La respuesta de la fiscal Marisa Morando pide que se confirme la sentencia y  asegura que ´es obvio que las señoritas están en su derecho de alardear de ser putas, libres, bolleras o lo que quieran ser pero no en un espacio sagrado para los católicos ya que ello implica un ánimo evidente de ofender´. Palabras machistas y despectivas  de quien se supone es la representante del Estado en el caso, y cuya función  es acusar, pero al amparo de la ley, no al impulso de sus criterios religiosos o morales. Sorprende mucho que una funcionaria de la justicia utilice argumentos morales y religiosos ante un hecho que solo debe ser jurídico. ¿Sabe esta señora fiscal si se nace con vocación de puta?

¿Pueden ofender los fiscales? Rita ofende los sentimientos religiosos, ¿y la fiscal del caso no puede ser objeto de sanción por una falta grave de desconsideración a los ciudadanos? ¿No opta por una severidad que no se aplica a sí misma? Amparándose en una pretendida ´literalidad´ de lo que las manifestantes llevaban pintado en sus cuerpos (´putas, libres, lesbianas, bolleras´), Morando afirma que ´las señoritas están en su derecho de alardear de ser putas, libres o bolleras o lo que quieran ser […], pero es un ejercicio lamentable que grupos universitarios pretendidamente liberales y progresistas quieran imponer sus ideas y sus pretensiones por la fuerza. Y es un ejercicio de cinismo pretender amparar esa conducta en el ejercicio de la libertad de expresión´, puntualiza.

Es evidente, de acuerdo con el escrito, que la fiscal ha descontextualizando irónicamente (¿o deberíamos pensar que con ánimo de ofender?) un mensaje que en la manifestación de la Complutense tiene un sentido muy diferente al que se refleja en el escrito de la fiscal, confirmado también por el fiscal jefe de Madrid que avala el texto y cree que las frases polémicas del escrito de la fiscal se contextualizan en una defensa de la libertad de expresión y que entenderlas de otra manera es una manipulación.

Ya estamos como siempre: solo es libertad de expresión la de ellos. Tratar con la iglesia católica suele conllevar el peligro de alud de argumentos religiosos frente a los legales. Hechos o convicciones, ciencia o fe, leyes o doctrina son territorios que en un estado aconfesional y de derecho deben tener límites nítidos para todos los ciudadanos, sean creyentes, agnósticos o alérgicos a la sotana, y dibujar la frontera clara entre pecado y delito, entre el confesionario y el tribunal, es sobre todo una obligación para los agentes de la justicia y la ley. Cosa que no ocurre, lamentablemente, en este país, en donde iglesia católica y justicia parecen jugar en una liga de vasos comunicantes.

La fiscal se presupone que debe ser una observadora objetiva. ¿Lo es en este caso? Mucho me temo que no. En un momento del escrito alude a que las faltas de respeto a los sentimientos religiosos no son aceptables –´en ningún caso en el Altar (sic) de un templo en presencia del Santísimo (sic)´– . Podía haber escrito ´altar´ con minúscula y evitar la referencia, también en mayúsculas, al ´Santísimo´. Se le nota demasiado de qué pie cojea, y las pistas me llevan a una suerte de desasosiego ante una acción de la Justicia –la fiscal, en este caso- que parecería tener visos de no haberse librado de miradas personales de tipo moral o religioso.

No estoy a favor de que se entre a saco en ningún lugar. Ahora bien, me preocupa más aún que en un colectivo del que dependen nuestras vidas y haciendas, nuestra libertad y derechos, como es la Justicia, se puedan poner en marcha acciones en nombre del Estado contaminadas por creencias religiosas respetables, pero absolutamente individuales. Si juntamos a la fiscal de Maestre, a Cosidó, al ministro del Interior y a los obispos de Córdoba, Alcalá y Granada, viajamos al S XIV.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de ¿POR QUÉ NO SE FUE SÁNCHEZ?

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